Un tema que ha estado dando vueltas en mi cabeza en últimas semanas se refiere a la relación entre la ciencia y el derecho, áreas del conocimiento humano que se suelen separar como si fueran agua y aceite, pero que en realidad están más imbricadas de lo que a primera vista podría suponerse.

 

Con todos los avances científicos que se han desarrollado en estas últimas décadas, se hace necesario borrar esta diferencia entre ciencias y derecho puesto que es imperativo conocer la ciencia para plantear los derechos humanos básicos. Así de claro y así de contundente.

 

Uno de los ejemplos más claros al respecto es el de la homosexualidad y los derechos humanos de los homosexuales, particularmente su derecho a vivir en parejas y a ser familia.

 

Se trata de un tema que se debate desde el punto de vista social, ideológico y, sobretodo, religioso. La religión católica, particularmente, toma como verdad absoluta que el matrimonio es entre hombre y mujer, lo que a decir del Papa Benedicto XVI, “no se trata de una simple convención social, sino más bien de la célula fundamental de toda la sociedad”, por lo que “consecuentemente, las políticas que suponen un ataque a la familia amenazan la dignidad humana y el porvenir mismo de la humanidad”.

 

¿La ciencia está de acuerdo con estas fuertes declaraciones del Papa que hacen ver como un cataclismo peor que el calentamiento global la aceptación del matrimonio entre homosexuales?

 

No, la ciencia difiere de esta “verdad” y difiere no porque lo intuye, sino porque se ha estudiado y se ha corroborado en diferentes estudios exhaustivos, por lo menos tres diferentes, que los genes determinan el 50% de la orientación sexual. Un hecho que no es opinable.

 

La ciencia sabe que la homosexualidad no es una enfermedad, no es una moda y no es un capricho. Es un hecho biológico, y de acuerdo con el genetista Dean Hamer se intuye que el otro 50% que determina la orientación sexual no se debe exclusivamente a factores sociales sino también a factores biológicos, a algo que sucede en el cerebro antes del nacimiento o en etapas muy tempranas del desarrollo, hipótesis que se encuentra actualmente en estudio.

 

La ciencia sabe que todo lo que controla el cerebro se ve influido por los genes que codifican el cerebro y que controlan las sustancias químicas que se liberan en él, por lo que lo que ciertas conductas que se caracterizan como enfermedades sociales, forman en realidad parte de la naturaleza humana, de lo que nos hace personas.

 

No se trata de una postura ideológica o religiosa, se trata de hechos científicos que deben ser conocidos para construir sociedades más justas porque si aceptáramos que la homosexualidad es un hecho biológico natural, no estaríamos distraídos discutiendo sobre si se les respeta su derecho al matrimonio o a hacer familia y podríamos abocarnos en resolver, también con ayuda de la ciencia, problemas más urgentes como la desnutrición infantil o el calentamiento global.

 

B.