En este blog, por alguna razón extraña que quizá apenas empiezo a vislumbrar, la eutanasia o suicidio asistido ha sido un tema recurrente.

 

Además de Debbie Purdy y de la clínica suiza Dignitas, se ha ido generando mucha más información sobre el tema y solo para dar un ejemplo en Gran Bretaña, a finales del año pasado, se suscitó una gran controversia tras la presentación en televisión del documental del suicidio asistido de un hombre con una enfermedad terminal.  Su viuda defendió la transmisión alegando que no se trataba de una intrusión a su intimidad, sino del deseo de su marido y de ella misma de hacer concientes a los demás sobre la importancia de vivir una vida digna y como tal de morir dignamente.

 

Pero las leyes en Gran Bretaña prohíben la eutanasia y castigan hasta con 14 años de prisión a quien asista a otro en un suicidio. Y ya su Primer Ministro, Gordon Brown, dijo que no está a favor del cambio de estas leyes para que se acepte la eutanasia como ya se ha hecho en algunos otro países.

 

Y bien, mientras en el mundo se discute sobre la legalidad de la eutanasia, en México apenas el día de hoy se publicaron reformas a la Ley General de Salud para incluir un nuevo título que versa sobre los cuidados paliativos.

 

Estos cuidados paliativos son los que se ofrecen a los pacientes con enfermedades terminales, es decir, con una expectativa de vida menor de seis meses y no se trata de ninguna manera de aceptar la eutanasia, la cual sigue siendo un homicidio, sino que se refiere a los cuidados para evitar o aminorar el dolor de estas personas.

 

Quizá lo más relevante de la inclusión de los cuidados paliativos en nuestra legislación, sea que se está otorgando el derecho a los pacientes y familiares de obtener toda la información por parte de los médicos sobre el estado de salud, alternativas médicas y saber cuando un tratamiento no está funcionando.

 

La gran pregunta no es si es un absurdo que apenas ahora se reconozca en la ley este derecho de los pacientes, sino si en el sector salud se van a organizar de tal manera que en efecto garanticen este acceso a la información de la manera que la ley lo prevé.

 

Porque entiendo que somos muchos mexicanos y que los hospitales están saturados y son más los pacientes que los médicos. Porque entiendo que el personal debe tener piel de acero para soportar a su alrededor tanto dolor diariamente. Porque también entiendo que mientras al paciente se le va la vida, el personal solo está haciendo su trabajo. Pero la ley se refiere a un trato digno hasta el último momento, a la presentación de informes completos y veraces, independientemente del punto de vista del tratante, al auxilio y acompañamiento de la familia del paciente ya sea dentro de un hospital o en su casa, y no creo que eso se siga refieriendo a que sea el “poli” el encargado de llamar a los familiares de los pacientes para las visitas o que no exista una enfermera o personal calificado capaz de dar la mínima información que se requiere.

 

No quiero ni pensar que la intención de esta ley, que supone una delicadeza en el tratamiento de los pacientes con enfermedades terminales (niños, jóvenes y adultos, hombres y mujeres, mexicanos y extranjeros), vaya a quedar en el cumplimiento de meras formalidades administrativas en donde el médico pida al familiar la firma de otro papel solo para “cumplir” con todo ese "rollo" de una muerte digna que ahora regula la ley, y así eximirse de cualquier responsabilidad, sin entender que lo que para ellos es un número de cama, para alguien más se trata de una vida y que esa vida es un hijo, un hermano, un cuñado, un tío, o un amigo que duele ahora y que seguramente seguirá doliendo un tiempo.

 

¿Verdad Jaime?