Quienes han tenido el privilegio de visitar El Cairo atestiguan que el acoso sexual en Egipto es un hecho cierto y cotidiano y que incluso como turistas es muy difícil no ser parte de las estadísticas.

 

Por ejemplo, a las mujeres se les pide que no usen playeras ni escotadas ni de manga corta, ni minifaldas, ni shorts, porque se despiertan los bajos instintos de los hombres que no se conforman con echar algún piropo, muchas veces vulgar, sino que el acoso llega hasta el manoseo de las mujeres.

 

Las cifras indican que el 98% de las extranjeras y el 83% de las egipcias han sufrido de acoso sexual. Se trata de cifras muy altas y alarmantes, cuyas causas se han atribuido a varios factores, desde que las propias mujeres que con su vestimenta y actitudes incitan a los hombres, hasta la opresión del gobierno egipcio y la incitación misógina en las mezquitas.

 

Pero no voy a analizar ninguna de esas causas, sino el hecho de que se trata de un delito que casi no es denunciado y de ahí que los hombres piensen que no pasa nada.

 

Se tienen reportes de ataques masivos, en donde pese al agresivo acoso de varios hombres a grupos de mujeres la policía no hace nada por detener los hechos y las mujeres no denuncian porque saben que no va a pasar nada.

 

Sin embargo nunca falta una persona que está dispuesta a lograr que las cosas cambien y que nos demuestran que la tenacidad tiene su recompensa.

 

En Egipto es el caso de Noha Rushdi Saleh, una mujer de 27 años, que en junio pasado sufrió el acoso de un conductor que repetidamente la manoseó mientras conducía lentamente su vehículo. Y mientras eso pasaba, nadie hacía nada.

A ella le alteró mucho la indiferencia de los demás peatones, pero quizá lo que más le molestó fue que cuando decidió denunciar le aconsejaron que no lo hiciera e incluso la acusaron de haber propiciado ella el ataque.

 

Pero decidió denunciar y enfrentarse a la indiferencia inicial de la policía, que no quiso dar mayor trámite al asunto. Y tras su insistencia y el apoyo de grupos de derechos de la mujer, el asunto llegó a los tribunales en donde Shariff Gomma, su agresor, fue condenado, en una sentencia sin precedentes: tres años de prisión con trabajos forzados y al pago de $895 dólares como compensación por los daños emocionales que ella sufrió.

 

Este caso fue noticia en todo Egipto y pese a que algunos pesimistas, de esos que nunca faltan en la fiesta, piensan que una sentencia no va a cambiar las cosas, otros sostienen que es el punto que empieza a abrir la brecha para acabar con un trato tan injusto hacia las mujeres.

 

Así que para recibir el año con mucho optimismo y esperanza, propongo que nos quedemos con la sensación de que sí podemos lograr que pasen cosas buenas cuando nos decidimos a hacer nuestra parte denunciando los delitos de que somos víctimas, porque si Noha lo logró en Egipto ¿qué no podremos hacer nosotros en nuestro México?

 

Es lo legal, pero sobretodo es lo justo.

 

¡Feliz año 2009!