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Categoría: Bárbara Amaro
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En un hospital de Melbourne, Australia, se están conduciendo investigaciones para determinar la responsabilidad penal por el aborto del feto equivocado.

 

Se trata del caso de una mujer embarazada de gemelos, uno de ellos con un grave defecto congénito y quien de haber nacido y sobrevivido, hubiera tenido que haber sido operado varias veces de acuerdo con el diagnóstico médico. Así que las 32 semanas de gestación la mujer decidió abortar al feto defectuoso. (La insolencia del lenguaje no es casual, los proabortistas ven al feto como una cosa y las cosas, bien lo sabemos, pueden estar, no ser, defectuosas).

 

El problema radica en que el equipo médico inyectó la sustancia letal al feto sano quien a consecuencia de ello falleció. Así que la mujer, de dos que tenía, se quedó sin nada porque se le practicó una cesárea para abortar al otro feto, al enfermo.

 

Por supuesto que las críticas no se han hecho esperar y ya los funcionarios del sector salud en Australia han tenido que declarar que se está conduciendo una investigación para determinar la responsabilidad de los médicos que al haber actuado negligentemente finalizaron la vida de un futuro ser humano. Si le hubieran atinado, no nos hubiéramos enterado y esto no sería noticia.

 

Pero, ¿es toda la responsabilidad de los médicos tratantes? La condición del feto con el defecto congénito no parecía poner en peligro la vida de la madre ni del hermano por lo que no queda clara la razón por la premura de practicar un aborto. Quizá era el temor de que al nacer el niño sufriera, lo que se traduce en que los que sufrirían emocional y hasta económicamente serían los padres. Y a nadie le gusta sufrir, al menos aparentemente.

 

Pero lo que para unos puede ser sufrimiento, para otros es fuente de felicidad.

 

Mi hijo cumplió esta semana doce años y quizá hace doce años y nueve meses su madre biológica lo vio como fuente de malestar y sufrimiento. Felizmente decidió conceder la vida a este maravilloso niño que ha hecho del mundo un lugar infinitamente mejor desde que nació.

 

Mi hijo tiene un primo que es sordo profundo y el mayor orgullo de sus padres pese a que han sufrido emocional y financieramente en implantes cocleares, terapias y frecuentes revisiones médicas.

 

¿Y que decir del primo de casi ocho años que tiene atención dispersa y problemas renales? El también fue adoptado y se trata de un niño sumamente inteligente quien es fuente de alegría entre quienes tenemos la fortuna de formar parte de su vida.

 

No condeno el aborto de manera absoluta porque no creo en absolutos. Solo se trata de darle una oportunidad al feto defectuoso porque hay la posibilidad de que para alguien resulte en el mayor regalo recibido.

 

B.

 

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