Del secuestro virtual que vivió mi esposo me siento con el deber de narrar mi experiencia para que si alguien más vive las horas de horror que yo viví tenga un referente y sepa que hacer.

 

Pues bien, empiezo. Una vez que mi esposo salió de la casa, fui a casa de un vecino y desde su línea hablé al 066, número de emergencia, y expuse los hechos. Por supuesto que esto en grado de histerismo y por lo alterada que me encontraba me resultó molesto que el operador no entendiera que se trataba de MI esposo y me pidiera calma, pero es muy importante mantenerla.

 

Minutos después de esa llamada había una patrulla frente a mi casa y después de que los oficiales tomaron la descripción de mi esposo me llevaron en la patrulla a zonas cercanas para ver si lo veíamos. Desde ese primer momento supieron que se trataba de un intento de extorsión y me llevaron al banco pensando que él estaba haciendo un retiro bancario.

 

Los patrulleros me proporcionaron el número de teléfono de ayuda en caso de extorsiones de la Procuraduría de Justicia del Estado de Veracruz.

 

Cuando regresé el teléfono ya estaba sonando: los extorsionadores.

 

Contesté y me dijeron que tenían a Sergio y que querían $100,000 pesos. Cuando dije que no tenía esa cantidad, la bajaron a $50,000 y me dijeron que de donde lo sacara o como, era mi asunto si es que no quería recibir la cabeza de mi esposo en una bolsa negra. Me pidieron el número de mi celular y me urgieron a salir de mi casa ya fuera al banco, a una casa de empeño o a pedir prestado.

 

Mientras yo tomaba esta llamada, el vecino marcó el número de la PGJ y fue la Agente Número Siete quien tomó la llamada y pidió hablar conmigo. Pero yo estaba en el celular hablando con estos sujetos que llamaban cada pocos minutos diciéndome cosas espantosas.

 

Cuando por fin tomé la llamada de la PGJ, la agente me dijo que todo el asunto era lo que se llama extorsión cruzada y me dio instrucciones.

 

La primera instrucción fue no contestar más mi teléfono. Yo le insistía en que tenían a mi marido y que lo iban a matar y me explicó varias veces que no era así hasta que me dijo algo que me hizo reaccionar: ¿Por qué –preguntó- le crees más a los delincuentes que a la autoridad? Y en ese momento, pese a las mil historias de corrupción y de colusión de policías y maleantes, decidí confiar en ella. Era lo mejor que podía hacer en esa situación porque estaba tratando de ayudarme.

 

Tomada la decisión, me dijo que mantenían controlado a mi inteligente e informado esposo, hablando constantemente por el celular lo que no le dejaba tiempo suficiente para pensar claramente. Así que me pidió que le enviara mensajes diciéndole que se trataba de una extorsión cruzada, que estábamos bien y que regresara.

 

Me pidió también que hablara con familiares y amigos para pedirles que no tomaran llamadas de desconocidos y que no dieran información porque los extorsionadores iban a presionar a mi esposo pidiendo números de otras personas para ejercer mayor presión, más aún si yo ya no les contestaba. Y como fue, ya habían hecho contacto con mi hermana quien fue suficientemente intuitiva como para colgar.

 

De la Procuraduría de Justicia de Veracruz contactó conmigo el comandante Juan Chacón quien vino a la casa para que empezáramos la búsqueda de Sergio con foto en mano por hoteles de la zona cercana a la central camionera, donde antes habían encontrado a otras víctimas.

 

Me explico la diferencia entre una extorsión y un secuestro. Yo no me explicaba como Sergio, tan inteligente e informado había caído en el engaño y me dijo que no importaba la poca o mucha preparación de la víctima, sino de que los extorsionadores dan en el clavo en situaciones vulnerables y dicen cosas que a las víctimas les parecen suficientemente reales.

 

Me explico que operan pidiendo a las víctimas que se hospeden en un hotel a fin de mantenerlas aisladas e incomunicadas y poder mantener el control y me dijo que estas personas ni siquiera se encuentran en la ciudad, sino que se trata muchas veces de presidiarios.

 

La siguiente instrucción que recibí fue la más importante. El comandante Chacón me pidió que cancelara la línea del teléfono celular de Sergio porque cuando se corta la comunicación es más fácil que la víctima reaccione y deje que la “razón salga del closet” y regrese.

 

Junto con el comandante Chacón y el Jefe de Grupo Rafael Soto Sulvarán, empezamos a buscar a Sergio en hoteles, zonas comerciales y calles de la ciudad.

 

Pasadas las ocho de la noche recibí la llamada que había estado esperando toda la tarde: Sergio había salido del encantamiento maléfico y estaba de camino a la casa. La pesadilla había terminado para nosotros.

 

Los días han pasado y he podido meditar los hechos y sacar conclusiones que pienso importantes compartir porque quizá contribuyan a evitar que más personas caigan en este tipo de engaños.

 

Primero. Es momento de tener una reunión familiar. Por supuesto que ninguno de nosotros quiere que nuestros hijos vivan en este ambiente de inseguridad, pero el hecho es que ya lo están viviendo y están asustados. Es mejor establecer desde un principio reglas de seguridad y aprender todos a vivir de acuerdo con estas circunstancias que pretender tapar el sol con un dedo. Establezcan  una palabra de seguridad para que en caso de una llamada puedan saber si realmente tienen a quien dicen tener o es solo un engaño, y una segunda para saber que, en su caso, esa persona está bien. Por supuesto, se trata de una palabra secreta que solo deben compartir los miembros de la familia.

 

Segundo. No contestes llamadas de números privados o que no puedas identificar. Instruye a tus hijos a no tomar estas llamadas por ningún motivo. Yo avisé a mis amigos que tienen teléfonos que no se identifican que no voy a contestar sus llamadas por lo que ya saben que para hablar a mi casa lo deben hacer desde líneas identificables. Ni modo, los tiempos lo exigen.

 

Tercero. Ten a la mano los números de emergencia y el de extorsiones y CONFIA en las autoridades. La preferencias políticas quedan para Twitter y la sobremesa del domingo. Esto se trata de cuestiones operativas y son las autoridades quienes atienden estos casos todos los días y conocen el modo de operación de estos criminales y por eso saben distinguir entre una extorsión y un secuestro. Sigue sus instrucciones al pie de la letra. Por ejemplo, la Agente Número Siete me pidió que en los mensajes le dijera a mi esposo que se trataba de una extorsión cruzada, pero yo solo le escribía que todo estaba bien y que regresara. Cuando terminado el asunto le pregunté a Sergio si había recibido los mensajes me dijo que sí pero que no sabía si los escribía obligada y que le hubiera ayudado saber que yo había acudido a la policía. Decirle que era una extorsión cruzada hubiera significado que estaba en contacto con las autoridades.

 

Cuarto. Cancela de inmediato el celular de la persona. Terminada la presión telefónica, acaba el control y es más fácil que ellos repasen hechos y encuentren incongruencias que les hagan saber que estaban engañados.

 

Quinto. No contestes las llamadas si sabes que te van a poner nervioso o nerviosa. Así ejercen control y solo se alarga más el tiempo de separación con tu ser querido. Cortándoles la comunicación saben que perdieron.

 

Sexto. Si fuiste víctima, cambia los números de teléfono y solicita confidencialidad para que no aparezcan en guías telefónicas. Lamentablemente las empresas lucran con esto y hacen un cargo mensual para mantener la confidencialidad, pero $14 pesos al mes bien valen la pena por tu tranquilidad.

Séptimo. Somos una sociedad apanicada. Estamos altamente sugestionados y tenemos miedo hasta de nuestra propia sombra. Por favor, rompamos con los excesos y sin negar lo delicado de la situación, evitemos el tema en cada reunión, con cada saludo y a cada oportunidad. Eso solo alimenta el miedo y es nuestro perjuicio. No sigamos rumores, no contemos historias que no conozcamos, no hagamos de la inseguridad el tema de conversación. Estamos como los adolescentes colombianos que se sugestionaron con la hipnosis del mago y que por histeria fueron a parar al hospital. NO DEJES QUE EL MIEDO CONTROLE TU VIDA.

 

Quiero dejar constancia que en mi experiencia los mecanismos de ayuda en caso de extorsiones que se están instrumentando tanto a nivel federal en la Procuraduría General de la República, a cargo de Marisela Morales, como los del gobierno del  Estado de Veracruz a cargo de Javier Duarte y de la Procuraduría General de Justicia, a cargo de Reynaldo Escobar, están funcionando y que se trata de un esfuerzo que involucra desde operadores telefónicos hasta agentes que cada día ponen la vida en la raya para proteger a la sociedad. Pero necesitan de nuestra cooperación.

 

Mi agradecimiento a todos ellos, muy particularmente a la Agente Número Siete del teléfono contra extorsiones, al Director de la Agencia Veracruzana de Investigación,  Remigio Ortíz Olivares, al comandante Juan Chacón y al Jefe de Grupo Rafael Sulvarán, porque sin haber comido, habiendo terminado su turno y con sus familias esperándoles en casa, cumplieron con su trabajo con la consigna de no parar hasta encontrar a mi esposo.