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Categoría: Bárbara Amaro
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¡Terminó el año escolar!

 

Sin duda, momento de júbilo para los niños y jóvenes, de relajación para algunos papás que, me incluyo, agradecemos que se acabaron las desmañanadas, y de estrés para otros que no saben que hacer con los niños en vacaciones.

 

En el caso que sea, muchas felicidades por un ciclo más que culmina, esperemos que, sin bien no cargado de medallas y diplomas, si por lo menos con un sello de aprobado en la boleta.

 

No dejemos de pensar, sin embargo, en el otro grupo de niños y papás para quienes estos días no les dicen nada porque la escuela no tiene ningún significado, la mayoría de ellos por la pobreza en que viven sumidos que los hace saber que el derecho a la educación consagrado en el artículo 3° constitucional es solo accesible para ciertos ingresos económicos y que es falso que se trata de un derecho universal, como aprenden en formación cívica y ética los estudiantes de primaria. Y si no, pregúntale a la mujer de la esquina que vende chicles por que no envía a sus hijos a la escuela.

 

Mientras exista un porcentaje de niños mexicanos que no asista a la escuela por falta de recursos, las diferencias se seguirán zanjando, porque si bien es cierto que un diploma de bachiller no asegura un ingreso estable mensual, también es cierto que no tener ni el diploma de primaria es condición casi segura para perpetuar la tradición de miseria, ignorancia y manipulación.

 

Para estos niños mexicanos, las recientes reformas constitucionales en materia de derechos humanos siguen siendo letra muerta, porque mientras los políticos prometen mejores ingresos para sus padres con la única finalidad de obtener votos, los maestros hacen huelgas para tener un salario más alto con menores responsabilidades y las secretarias generales vitalicias de los sindicatos de educación hablan abiertamente de las componendas políticas, ellos siguen vendiendo chicles en las esquinas, percatándose del final de un ciclo escolar solo por la disminución del flujo de vehículos en horas pico.

 

Así que si eres un papá o una mamá que debe tomarse tiempo del trabajo para asistir a las aburridas entregas de diplomas y cierre de cursos, mientras aplaudes el interminable discurso del director de la escuela, agradece que eres parte de los padres privilegiados que están protegidos por el derecho constitucional de dar a sus hijos educación y una vida digna y de que tus hijos puedan tomar total y completa posesión de su derecho a la educación, porque aunque hayan pasado de panzazo y te hayas tronado los dedos para pagar útiles y uniformes, transporte o colegiaturas, no perteneces al porcentaje de padres mexicanos que están en las calles esperando para ganar unos pesos mientras la vida les corre ocultos a nuestros ojos y sin que nadie quiera darse cuenta que el estado mexicano (todos nosotros incluidos) le esta fallando.