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Categoría: Bárbara Amaro
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Como van las cosas, dentro de poco en México podremos ahorrar millones de pesos cada año porque ya no vamos a necesitar ni jueces ni leyes.

 

El poder judicial va a ser sustituido por los medios de comunicación que nos van a seguir instruyendo lo que debemos pensar u opinar respecto de la culpabilidad o inocencia de alguien, y mediante encuestas telefónicas y “preguntas del día”, sea la opinión pública dirigida por un puñado de periodistas quienes dicten sentencia.

 

Las grandes batallas se librarán entre los medios de comunicación porque el que tenga mayor rating será el que haga prevalecer su opinión en sus valoraciones y apreciaciones de lo que debe ser la justicia, la cual ya nada tendrá que ver con leyes porque de acuerdo con el personaje a juzgar, será lo que la tripa (o los intereses) dicten al momento de emitir el veredicto.

 

 

Así que tampoco necesitaremos legisladores que a trompicones, gritos e insultos decidan reformas en materia de protección de derechos humanos, amparo o procesos judiciales, ni magistrados ni ministros que decidan, en caso de duda, como se debe proceder.

 

La nueva justicia, la que se ha querido aplicar hace muchos años por los “comunicadores” que editorializan las noticias y buscan votos de aprobación entre su audiencia dirigiendo las opiniones mediante preguntas y encuestas, no necesitará conocer de  normas como las que existen ahora que establecen límites y marcos de actuación, porque la justicia se basará en el “me late” de estos comunicadores, que claro, no tienen intereses creados ni obedecen a sus propias necesidades, sino que buscan siempre y por sobre todo el bien de México.

 

Con este nuevo sistema ya no se podrá con dos palabras o un poco de tinta poner en tela de juicio la reputación profesional de un juez como se hace ahora, porque simplemente no habrá jueces, y se avalará como cierto todo lo que diga el ministerio público, quien ya no tendrá que dedicar tiempo a tratar de armar casos porque sin importar lo que haga, con un par de fotos que muestre diciendo que tal hizo tal cosa, se les deberá creer, porque el principio rector será el de piensa mal y acertarás. Eso si, siempre cabrán las excepciones y habrá quienes parezcan inocentes pese a la evidencia.

 

La nueva justicia, como todo en México, se pintará de colores, aunque no se moverá por intereses políticos, porque simplemente se revelará a nuestros ojos como una epifanía la obviedad de que todos los rojos son culpables cuando los azules están en el poder, y todos los azules lo son donde los amarillos gobiernan, sin importar circunstancias.

 

Solo hay que pedir a Dios que nos de siempre comunicadores tan sabios, honestos, veraces, objetivos y justos como los que tenemos ahora para que a base de preguntas del día México, finalmente, sea un país de “justicia”.

 

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