Imprimir
Categoría: Bárbara Amaro
Visto: 3688

Probablemente porque parte de mi trabajo es analizar los acontecimientos desde la óptica del derecho, hace tiempo que he estado percibiendo que en México estamos viviendo en una anarquía.

 

Contamos con muchas leyes, unas buenas, otras que podrían mejorar, unas muy parchadas y otras muy viejas, pero finalmente un sistema de normas que sostienen, o deberían sostener, al estado mexicano. Y es labor del legislativo revisar ese marco jurídico y cambiar lo que se debe cambiar y perfeccionar lo que se debe perfeccionar para lograr un mejor marco jurídico para el estado.

 

Pero el problema es que ni el legislativo trabaja en lo que debería, ni el ejecutivo está aplicando esas leyes como debería. Es más, ni siquiera los gobernantes están cumpliendo con las leyes que han prometido cumplir y hacer cumplir.

 

Ejemplos hay muchos. Tomemos al RENAUT . Su marco normativo fue aprobado por el Congreso de una manera, pero el ejecutivo decidió hacer a un lado la ley y aplicó lo que mejor convenía a sus intereses del momento. Resultado, una pérdida de tiempo, dinero y esfuerzo que terminó  por ni siquiera empezar  y por generar el rechazo de la sociedad.

 

¿Otro ejemplo? Aquí va,  uno muy reciente: la aceptación de la candidatura a gobernador de Alejandro Encinas en el Estado de México. Todo un fraude a la ley porque de una mágica manera logró que el Instituto Electoral del Estado de México aprobara una residencia efectiva de mínimo cinco años en ese estado, cuando  dentro de ese período  comprobó residencia efectiva en el Distrito Federal. Pero eso parece no importar y ahí está, habiendo defraudo al sistema legal de este país, con la intención de ganar la elección y convertirse en gobernador para, entonces sí, cumplir y hacer cumplir las leyes. El fin justifica los medios.

 

No se trata de partidos ni de colores ni de preferencias políticas (en este momento creo que no creo en nadie), sino de denunciar una verdad que estamos viviendo: una total y absoluta falta de legalidad que empieza por las autoridades y termina con cada uno de nosotros.

 

Porque seamos honesto, si quienes deben hacer cumplir la ley, no la cumplen ¿por qué deberíamos hacerlo nosotros? Y entonces el clima de anarquía del que hablaba empieza reinar. Cada quien hace lo que mejor le conviene al margen de las leyes, del deber ser y del bien común.  Si me satisface estacionarme en doble fila ¿Qué me importan los veinte que vienen detrás?

 

La legalidad para muchos es solo un concepto, un principio del mundo del deber ser, inaplicable al mundo real de nuestro México. Pero precisamente porque tenemos la creencia de que las leyes se hicieron para romperse y vemos en el ejemplo de las autoridades la falta de aplicabilidad, es que vivimos con inseguridad y con altos índices de corrupción.

 

Cuando aprendamos a vivir conforme a las normas, aunque no nos gusten, nos causen cierto malestar y no se adecúen a nuestras necesidades inmediatas, podremos exigir a los gobernantes que cumplan con ese marco jurídico que se han comprometido a hacer respetar y entonces, solo entonces, podremos ver que México empieza a avanzar.