La semana pasada recibimos una consulta de una persona que quería regularizar su situación personal y sentimental. Es el caso de muchos miles de mexicanos que se separan de su esposa/o porque encontró a otra persona a quien amar y con quien incluso ya tiene otro hijo.

 

Para los más conservadores, se trata de  una situación escandalosa que involucra infidelidad y falta de respeto al juramento de amar al otro para toda la vida, pero se trata de una situación real, bastante común con la que muchos se pueden identificar ya sea personalmente o porque eso vive un amigo o un pariente.

 

Pese a que esta situación, que me niego a juzgar como buena o mala, es una realidad, las leyes en la gran mayoría de los estados, siguiendo una tradición conservadora, se niegan a reconocerla  y hacen casi imposible la regularización de la situación legal si el cónyuge engañado y ofendido se niega al divorcio.

 

Y como uno de ellos no se quiere divorciar, procede el llamado divorcio necesario, en el que se tiene que argumentar alguna causal como maltrato, violencia, abandono del hogar, adulterio y otras que no incluyen “la convivencia era insoportable por más que lo intentamos”, “me equivoqué” o “lo/la dejé de amar”, y se tratan de causales casi todas ellas que solo puede argumentar el llamado cónyuge inocente, dejando para el “culpable” la causal que establece una separación por más de dos años por lo que, lamentablemente, no se deja otra opción más que seguir casado con una o uno y haciendo vida en común con otra u otro con todas las consecuencias legales que ello implica.

 

¿Obstaculizar así el divorcio es proteger la santidad del matrimonio? Difiero de mis amigos católicos que así lo creen, porque desde un punto de vista legal y práctico lo único que se logra es dejar en estado de indefensión a ambos cónyuges, a sus hijos, a la nueva pareja y al nuevo hijo y con ello generar mayores resentimientos y odios que inciden en la educación de los niños que en lugar de crecer amados por ambos padres aunque separados, crecen odiando a ambos padres por ponerlos en medio de un campo de batalla.

 

No soy partidaria del Islam, pero investigando para hacer una nota encontré que para ellos el divorcio está aceptado porque reconocen que hay situaciones en donde la convivencia en pareja no es posible por las razones que sean, y por eso el trámite de divorcio es tan sencillo y procede con solo expresar el deseo de así hacerlo. Claro, solo se otorga ese derecho al hombre porque se piensa que es más ecuánime y que cuando llega a manifestarlo es porque su madurez le ha permitido agotar todas las posibilidades para seguir el matrimonio.  No estoy de acuerdo con el fundamento, pero si  con que se reconozca nuestra naturaleza y la propensión a cometer errores al momento de elegir.

 

No creo que ser más laxos con los procedimientos para obtener el divorcio incremente el número de divorcios. Hacerlo solo arrojaría las cifras reales de los matrimonios que ya no funcionan, que están separados y viviendo con otras parejas, y que quieren corregir su situación por el bien de todos los involucrados.

 

Así que en los estados donde existen estas legislaciones restrictivas y conservadores, se tienen que buscar cambios legislativos, porque la función de una ley es regular la realidad social y no pretender que la conducta de los hombres se ajuste a sus postulados. Se trata de una opción que aunque contraríe cierto modo de pensar, contribuiría con una sociedad más sana educada, además, a convivir con la legalidad y el estado de derecho.