Estamos en los tres primeros meses del año en que los gobiernos estatales y municipales hacen uso de sus mejores herramientas para persuadirnos de pagar dos impuestos que son fuente importante de ingresos para ellos: el predial y la tenencia.

 

Antes pensaba que se trataba de impuestos que solo los afortunados que tienen casa y coche deben pagar, pero el secretario de Hacienda me ayudó a salir de mi error y ahora sé que cualquier mexicano con un sueldo mínimo de $6,000 también paga predial y tenencia (¡hasta para esto alcanza!)

 

Contribuir no es un acto potestativo de los mexicanos, se trata de una obligación establecida en la fracción IV del artículo 31 de la Constitución Política, y aunque mucho se ha cuestionado la naturaleza de estos dos impuestos a la propiedad privada, el hecho es que se trata de contribuciones legítimamente establecidas, y ni modo, a pagar.

 

En Veracruz estamos estrenado gobierno estatal y ayuntamientos y las nuevas administraciones, como cada tres años, están desesperadas por llenar las arcas vacías que las administraciones salientes dejaron. Y por ello al ritmo de la Bamba nos piden que paguemos los impuestos, en cualquier banco, a seis meses sin intereses, en horarios extendidos, como sea, pero que paguemos.

 

Porque se necesita dinero urgentemente para repintar de rojo los postes, cambiar los letreros de los nombres de las calles con la nueva imagen o rehacer el camellón de importantes avenidas, redondeando las banquetas y pintando de rojo el piso. Municipio priísta, claro, aunque según el municipio el color azul, rojo o amarillo, es lo de menos.

 

Se trata de obras que no son de primera necesidad pero que se adjudicaron para, quizá, pagar algún favor de campaña o beneficiar a algún amigo o familiar del nuevo mandamás municipal.

 

Adjudicaciones dudosas porque no me da la cuenta de días desde que se tomó posesión del cargo para convocar el concurso, aceptar propuestas, revisarlas, discutirlas, adjudicar el contrato, firmarlo, iniciar la obra y terminarla. ¡Todo en dos meses!

 

Cabe también la posibilidad que yo sea negativa, con lo que daría la razón al secretario de Hacienda, y solo se trate de la nueva manera de trabajar y se continúe actuando con esta celeridad en todas las funciones municipales durante los tres siguientes años.

 

En fin. Tal vez solo deba aplicar la filosofía de laissez faire, laissez passer, tan arraigada en nuestra sociedad,  y disfrutar del Carnaval, a celebrarse este fin de semana, y comprar mi boleto en alguna grada de esas que invadieron la avenida principal desde hace un mes. Me gustaría comprar en la zona de las cómodas sillas de plástico en lugar de las vigas de metal que se ponen ardiendo bajo el rabioso sol veracruzano, pero me informaron que esas no están a la venta porque están reservadas para las autoridades municipales y sus familiares, quienes, está de más decirlo, no pagan su asiento privilegiado.

 

Dejo hacer, dejo pasar, apechugo y me adapto  y para que mi presidente municipal pueda sentarse en el lugar de honor durante el Carnaval y después deshacer y rehacer banquetas y pintar de rojo los edificios públicos, me voy al son de la marimba a pagar mi predial. Solo espero no caer en algún bache.