En algún momento la humanidad debe regresar a lo sencillo, a lo simple.

 

Vivimos en una sociedad cada vez más complicada, con gustos más rebuscados y que lo único que logran es hacer los procesos, las reglas, los modales, las situaciones más difíciles.

 

Fiestas de bebés que cumplen un año con grupos musicales, aniversario de primer mes de novios con él vestido de oso y globos en la mano a la salida del colegio de ella para demostrarle cuanto la quiere, quinceañeras con vestidos con holanes sobre los holanes, bolsillos y un sobrero de ala ancha que remata un peinado lleno de forzados caireles, pasteles con muchos pisos y merengue, anillos en cada dedo de las manos y hasta del pie y ojos tan delineados que sin maquillaje quedan como dos puntitos perdidos en una cara sin mucho chiste.

 

Y al complicar los gustos y las tendencias, terminamos complicando la vida en sociedad. Y así, las leyes deben empezar también a ser rebuscadas para tratar de cubrir la mayor cantidad de posibles variantes.

 

Por ejemplo, en el caso de violación se debe analizar si la mujer que dice haber sido violada no tuvo después otra relación sexual porque eso contaminaría las pruebas. ¿No es complicarse la vida después de una violación, que es uno de los peores traumas que puede sufrir una mujer, tener relaciones sexuales con otra persona? Y sin embargo, sucede y por eso se ha tenido que regular el caso.

 

Y las cosas más complicadas quizá se presenten en derecho civil y familiar.

 

Por ejemplo, se ha complicado tanto el cambio de sexo que un hombre puede ser mujer y luego decidir que tampoco quería eso hasta mejor quedarse sin “sexo” y tener que empezarse a establecer en las actas de nacimiento que no es ni hombre ni mujer, sino sin género o “zie” como sucedió ya en Australia.

 

Hemos complicado tanto las cosas que gracias a los avances de la ciencia una mujer puede decidir ser hombre para enamorarse de otra mujer que decidió también ser hombre y poder casarse con él porque pese a parecer hombre conservaba genitales femeninos, lo que también le permitió embarazarse siendo el tercer "barbudo" en el mundo en lograrlo.

 

Los hijos tienen que aprender a explicar que significa que el niño que es su hermano también sea su primo porque el papá del medio hermano, que es esposo de su madre, también es su tío paterno.

 

O el niño que no sabe si al que llama padre es su padre o su tío, y el tío el padre, porque su madre tuvo relaciones sexuales con ambos hermanos el mismo día y por eso ni las pruebas de ADN más costosas pueden contestar la interrogante de quien es el padre, lo que tuvo que decidir un juez casi casi con un pimpompapas.

 

Gracias a los procesos de fertilización in Vitro se ha tenido que regular todo un mundo de posibilidades, como los hijos que son producto del material genético de los padres, o del padre, pero de otra mujer, o de dos donadores anónimos. Niños que crecen en diferentes países con diferentes madres, pero que los une el donador 300, su padre que tan solo como muestra de semen es también padre de otros niños que no han podido contactar todavía.

 

Pero ahora los legisladores no nada más tienen que lidiar con el difícil tema de establecer la paternidad, sino también la maternidad, porque con la fertilización se presenta también el complicado tema de la subrogación de vientre que ha cambiado el principio que establece que las madres son quienes paren al hijo, porque hay mujeres que ni siquiera tienen vínculos genéticos con el niño que traen al mundo.

 

Y así se puede dar el caso de dos hermanos cuyo material genético aportaron una misma mujer, que no es la madre que los criará, y un mismo hombre, pero que fueron “hospedados” en diferentes barrigas y por lo tanto son mellizos pero que nacieron con cinco días de diferencia, haciendo del caso un acertijo difícil de adivinar. Aunque no tanto como el caso de las gemelas que lo fueron por once años hasta que nació una tercera hermana que las convirtió en trillizas. Claro, en este caso cambia el tema de la barriga, porque pudo ser en los dos casos el de la madre biológica, pero introducimos en el relato a un eficiente congelador.

 

¿Crees que exagero? Todos son casos reales, algunos de los cuales hemos reportado en esta web.

 

Tampoco quiero ser malentendida, no estoy expresando punto de vista personal sobre las relaciones sexuales, el cambio de sexo, el matrimonio homosexual, la fertilización in Vitro ni la subrogación de vientre. Lo veo como abogada y como ciudadana del mundo que a veces se siente agobiada por lo complicadamente que gira el mundo y que en esas ocasiones desea ser capaz de ver solamente la maravilla que es una vida que llega al mundo. Sin complicaciones.