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Categoría: Bárbara Amaro
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Cuando era adolescente acompañé a un amigo y a su madre a hacer unas compras. Cuando bajamos del automóvil, a unos cuantos metros de distancia de nosotros, un hombre sacó una pistola plateada y la apuntó contra otro. Qué pasó después, no lo sé porque mi amigo me obligó a agacharme entre los coches y esconderme.

 

Sin embargo, esos segundos que presencié me impactaron mucho y los sigo recordando por dos cosas: fue la primera vez que ví una pistola y porque la madre de mi amigo, en lugar de esconderse, se enojó tanto por la inseguridad que pese al riesgo que suponía, siguió caminando con paso decidido hacia el asaltante.

 

Para muchos ese habrá sido un acto estúpido, pero recuerdo haber visto un brillo de pasión en los ojos de esa mujer y su paso decidido diciendo que alguien tenía que hacer ver “a los malos” que no se seguiría tolerando el crimen.

 

Estos sucesos ocurrieron en Maracaibo, Venezuela, y por esta mujer y otras que tuve la fortuna de conocer, siempre he sabido que las mujeres venezolanas son valientes, decididas y muy comprometidas con sus ideales y por ello no me ha sido difícil sentir empatía con la causa de la jueza venezolana María Lourdes Afiuni quien fue detenida por haber cumplido con su deber con el estado de derecho, pese a las terribles consecuencias que ello ha traído a su vida.

 

A la jueza Afiuni se le turnó el caso del banquero venezolano Eligio Cedeño quien fue detenido en febrero del 2007 acusado  del delito de distracción de recursos y de contrabando, pero cuyo caso fue denunciado en diversas oportunidades por violaciones a sus derechos procesales como a tener un juicio imparcial, a presentar pruebas para su defensa y a obtener una fianza acorde con el delito que se le imputaba.

 

Cuando el caso llegó a las manos del la jueza Afiuni, su hija le sugirió que se recusara del caso, pero ella se negó a hacerlo. Y casi me parece verla cuando tomó la decisión de cumplir con su deber como abogada, jueza y venezolana y seguir con el caso aplicando las leyes y conforme a ellas dejar en libertad provisional al acusado.

 

La jueza Afiuni sabía que ello traería consecuencias y tras decretar la libertad provisional de Cedeño, fue detenida bajo la excusa de haber actuado ilegalmente al haber concedido tal libertad provisional a espaldas del ministerio público. Posteriormente se le acusó de haber recibido dinero del banquero a cambio del auto de libertad provisional, lo cual no ha podido ser probado por la fiscalía.

 

María Lourdes Afiuni está en prisión desde su arresto en diciembre de 2009, violándosele sus garantías procesales y sus derechos humanos.

 

Por ejemplo, cuando se sospechaba de un cáncer de mama, la jueza fue trasladad a un hospital militar donde prácticamente estuvo incomunicada y recluida, cuando las leyes indicaban que tenía el derecho de ser trasladada a una institución civil. Y a principios de este mes se volvieron a violentar sus derechos cuando personal médico tuvo que practicarle una mamografía frente a policías que se negaron a darle la privacidad que el estudio médico requería.

 

Con su arresto y posterior detención no solo Venezuela está indignada, también se han manifestado en contra de esta detención la ONU y la OEA por la violación a la independencia de la labor judicial ya que el delito que cometió la jueza fue haber aplicado la ley de manera contraria al régimen imperante en su país.

 

Su caso es uno más en donde se busca acallar la voz de quienes buscan la justicia, como se hizo en Birmania con Aung San Suu Kyi o en China con Liu Xiaobo, ganador del Nobel de la Paz 2010 y me pregunto hasta cuando los diferentes regimenes gubernamentales se darán cuenta de que no se puede tapar el sol con un dedo porque no han logrado doblegar el espíritu ni de la líder birmana, ni del defensor de derechos humanos chino, ni mucho menos de la jueza Afiuni quien desde la prisión sigue denunciando su caso y defendiendo sus derechos.

 

Me uno al llamado de la comunidad jurídica internacional para que se respete en Venezuela la independencia del poder judicial en la impartición de la justicia y en el respecto al estado de derecho y para que María Lourdes Afiuni sea puesta en libertad.

 

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