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Categoría: Bárbara Amaro
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El pasado 17 de agosto una sala del Tribunal de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes en Venezuela, impuso como medida preventiva a dos diarios de circulación nacional reproducir "imágenes que utilicen contenidos de guerra y mensajes sobre muertes y decesos que puedan alterar el bienestar psicológico de niños, niñas y adolescentes”.

 

La medida se impuso en el marco de un juicio que se sigue a los dos periódicos, después de que reprodujeran fotografías de una morgue que muestra cuerpos semidesnudos y ensangrentados. El gobierno venezolano está analizando la posibilidad de extender esta prohibición a todo medio de comunicación.

 

El gobierno argumenta que inició el juicio para proteger a la infancia, pero los medios de comunicación no oficialistas declaran que se trata de una medida de censura porque han estado publicando la realidad de la violencia que se vive en Venezuela, asunto que el gobierno no acepta en toda su magnitud.

 

Este caso ha desatado un debate, que si bien no es nuevo, adquiere vigencia otra vez y que se centra en saber si esta limitación es válida o si se trata de censura.

 

Esta discusión la vivimos en México hace unos meses cuando algunos medios publicaron la fotografía del futbolista Cabañas después de su ataque. Y si bien en México no intervino el gobierno, la sociedad cuestionó la ética de esta publicación.

 

Quienes publicaron argumentaron que lo hacían ejerciendo su derecho de publicación y protegiendo el de la sociedad a estar informada. Pero, ¿nos informó más ver a Cabañas en el suelo lleno de sangre? ¿Supimos más de su agresor? ¿Ayudó la publicación de la fotografía en la captura de los delincuentes?

 

Las libertades no son absolutas y siempre encuentran alguna limitante en las legislaciones. En México esa limitante es el respeto a la vida privada, a la moral y al orden público, lo que incluye el respeto a la imagen y al libre desarrollo de la personalidad.

 

En este caso habría que analizar si publicar cadáveres chorreados de sangre y cuerpos descuartizados con mensajes amenazadores forma parte del derecho de la sociedad de estar informados y de los medios de expresarse. Porque seamos honestos, estas imágenes venden gracias al morbo, pero ni ayudan en la resolución de los casos ni a reducir el clima de violencia porque solo refuerzan el miedo. La salvedad es cuando mediante estas imágenes se hace una denuncia social, pero la línea entre la denuncia y el morbo es muy tenue.

 

No creo que el estado tenga que intervenir para prohibir o permitir la publicación de determinadas imágenes porque eso podría traducirse en censura, pero es un hecho que muchos medios han abusado de estas imágenes, tanto que parece ya no llamar la atención de la gente porque son cosa diaria y parecemos no distinguir entre un muerto “de verdad” y uno de película o videojuego porque estamos constantemente sometidos a estos estímulos visuales.

 

Cada quien tiene libertad para elegir ver o no ver determinada publicación, pero creo que lo que el estado sí nos debe garantizar es el derecho a proteger nuestra privacidad y el bienestar de nuestras familias para que nuestras fotos no terminen en la página roja de algún periódico, cuando a los directores de esos medios les falle la ética profesional y prefieran vender valiéndose del morbo general.

 

Porque si bien es legal en México que los periódicos publiquen estas imágenes, no es justo para quien termina en la página roja. O, ¿quien querría ver en un periódico la fotografía de su familiar descuartizado o tirado en la calle en medio de un charco de sangre?