Mujer pensativa

 

El aborto, un tema muy difícil que lamentablemente se ha estado politizando de un lado y de otro, dejándose, una vez más, a las mujeres en una mayor vulnerabilidad

Nunca es fácil tomar la decisión de terminar un embarazo. Las razones son muchas y muy variadas y puede ir desde un embarazo no deseado, un embarazo adolescente, enfermedad de la madre o del hijo, hasta los casos más desgarradores de niñas de 10 años violadas por sus padres y que quedan embarazadas.

Cuando era adolescente me enseñaron en la escuela religiosa que era casi imposible que una mujer violentada quedara embarazada y por eso, ni aun en esos casos era procedente terminar con el embarazo. Si se parte de esta idea, cuando una mujer (o niña) violada queda embarazada entonces sintió placer, por eso pudo quedar gestante. Es culpable y responsable y por eso el aborto no puede ser opción. ¿Absurdo? Muchos de los que se oponen al aborto parten de esta premisa porque si Dios, que es todo bondadoso y nos ama, es el dador de la vida, ¿cómo puede concederla después de tanta violencia? ¿En dónde está su bondad y amor a la madre y a la criatura?

Pero el aborto tampoco es sacarse una muela ni un paseo por el parque. “Ven, vamos, te acompaño y luego te compro un helado ¿Va?”. Muchas de las mujeres que impulsan la despenalización del aborto, lo minimizan, lo tratan de reducir a su mínima expresión, a algo sin importancia, y ven en su legalización una bandera política, una victoria sobre la agenda conservadora, un motivo que festejar y por el que echar las campanas al aire.

Abortar o no es una decisión muy personal de cada mujer y así lo deberíamos de respetar. No tenemos capacidad (aunque nos deleitamos en ello) de opinar sobre la vida de los demás y determinar que todo aborto es aborrecible o que todo aborto es la reafirmación del derecho de la mujer sobre su cuerpo. No tenemos el derecho ni de condenar ni de festejar a quien decide terminar el embarazo.

Es cierto, no corresponde al estado decidir que todo aborto es un delito y, si acaso, solo le corresponde poner ciertos límites a la práctica por razones de salud, no de religión ni de creencias ni de “moralidad”, porque este tema nunca ha sido de esa moral mal entendida. Pero tampoco se trata de celebrar cada vida que es interrumpida en el vientre de una madre, porque esa madre siempre queda devastada y vulnerable pese a que su decisión haya sido detalladamente calculada y sopesada.

Dejemos de tomar bandera verde o azul. No se trata de posiciones políticas ni ideológicas ni de diputadas con la mano al aire en señal de triunfo para ganar más votos. La vida y la muerte nunca se debe tratar de ideologías. En todo caso es la posibilidad de educarnos, de cultivarnos y de mejorarnos como sociedad. Enseñar a los adolescentes que el amor no es pecado, pero que hay formas responsables de tener relaciones sexuales; educar a los hombres para que dejen de ver a las mujeres como seres inferiores que se pueden usar a voluntad. Cultivar el respeto de unos a los otros, reconocer la dignidad en los demás. Mejorarnos como sociedad para dejar de actuar como salvajes lanzándonos hacia nuestros deseos y necesidades sin mirar las consecuencias personales y para los demás.

Pero por encima de todo, se trata de estar ahí para esas mujeres vulnerables que están tomando una de las decisiones más difíciles de sus vidas. Estar sin presiones, sin juicios, sin señalamientos y sin condescendencia, entendiendo que es una decisión muy íntima y personal en la que nadie tiene nada que decir ni opinar.

Bárbara Amaro

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