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Niño llorando

 

Hay culturas que dicen que toma a una comunidad criar a un niño, niña, pero en esta época individualista en la que nos aislamos cada vez más unos de otros, estamos olvidando esta premisa

Muchos ven a los bebés como una asunto de mujeres porque “no son importantes”; son seres que provocan ternura, pero un poco idiotas porque no hacen nada interesante. A medida que crecen no se hacen más interesantes, quizá más curiosos, hasta que llegan a la adolescencia y se perciben como un dolor de cabeza. Y en todos estos años de desarrollo y crecimiento muchas madres estuvieron emocionalmente (y, a veces, financieramente) solas criando a los “ciudadanos del mañana”, momento en alcanzan su plena importancia.

Si son “buenos” ciudadanos son importantes porque contribuyen económicamente y entonces se diseñan proyectos educativos, de empleo, seguros de salud, pensiones. Si son “malos” ciudadanos están las policías, los sistemas de justicia y las prisiones. Los mejores son los ciudadanos buenos y sanos porque no faltan al trabajo y no cuestan al sistema de salud, pero cada vez hay más ciudadanos enfermos, con obesidad, diabetes, enfermedades del corazón, cáncer que, además de faltar frecuentemente al trabajo o no poder trabajar, cuestan mucho dinero al sistema de salud.

Muchos de estos problemas de salud y de conducta, sin embargo, se pueden evitar desde la infancia. Se ha detectado que hay eventos traumáticos en la vida de niñas y niños que pueden ser causa de problemas de conducta y de salud futuros. Un niño descuidado emocionalmente, con un progenitor alcohólico o adicto a alguna droga, que no encuentra apoyo en algún otro lado probablemente tendrá problemas de salud como obesidad, diabetes o de conducta como adicciones o mal comportamiento. Son eslabones de una cadena que a veces no vemos, pero que han sido detectados y estudiados y que empiezan por lo que se llaman Experiencias Adversas de la Infancia (Adverse Childhood Experiencies, ACE), 10 experiencias que se agrupan en abuso, negligencia y hogares disfuncionales.

No significa que el hijo de padres divorciados o alcohólicos siempre vaya a tener problemas de conducta o de salud porque puede encontrar apoyo emocional fuerte en otro lado como familiares, un maestro, amigos o incluso un vecino. Es como lo cuentan las películas conmovedoras de Hollywood del adolescente descarriado que encuentra su camino en la vida gracias a la ayuda de un vecino malhumorado que está para él o ella en los momentos más difíciles de su vida.

El problema es que muchas de las niñas y niños no están encontrando en sus comunidades estos apoyos fuertes. Las familias extensas se están atomizando, pocas maestras y maestros pueden o quieren involucrarse con sus alumnos; los vecinos vivimos aterrorizados unos de otros y ocultos detrás de altas paredes y rejas; y el estado encuentra otras prioridades que atender antes que los niños: contenidos educativos, salud, seguridad, economía y política.

En México existe el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia, DIF, nacional y estatales, un sistema con una misión importantísima, pero con brazos muy cortos para poder abarcarla porque no se le ha dado la vital importancia que tiene en la sociedad.

Estos brazos cortos frecuentemente dejan sin apoyo a quienes lo necesitan urgentemente, como una jovencita de 15 años que hace un año intentó suicidarse. La prensa reportó que esta niña sufría negligencia en el cuidado, que era maltratada por su padre y madrastra, que se sentía tan asustada que no encontraba una mejor forma de lidiar con esta situación más que acabar con su vida. ¿Qué pasó cuando la encontraron y evitaron que saltara del puente? La policía, sin capacitación para tratar estos asuntos, la llevó de regreso a su casa con su padre. ¿Dónde estuvo el DIF para atender esta situación urgente? Cerrado porque la niña tuvo la mala idea de intentar suicidarse un sábado por la tarde cuando las personas que podrían haber ayudado no estaban de guardia.

Estas experiencias adversas no solo pueden llevar al suicidio, sino también a comportamientos antisociales y si bien lo ideal es llegar antes de que una conducta antisocial se manifieste, a veces no es posible. Por ello, en Estados Unidos se están impulsando programas de capacitación en el sistema de policía y justicia para detectar a los adolescentes que han sufrido alguna experiencia adversa y poder proceder en consecuencia. El sistema penitenciario, se ha sostenido por varios expertos, no es lugar para niñas, niños y adolescentes y antes que encerrarlos se les puede procurar otro tipo de apoyos para corregir las conductas adversas que parecen delitos, pero que son gritos de auxilio.

También en Estados Unidos se está enseñando a los policías que los adolescentes no siempre son dueños de sus acciones al tener menos desarrollado el córtex prefrontal, que es la parte del cerebro encargada de controlar el comportamiento irracional, además de las hormonas de la pubertad. Con esta información en mente (que mamás y papás de adolescentes deben recordar antes de enojarse), pueden entender a los adolescentes que se meten a un parque por la noche o cometen hurto o se ven involucrados en una pelea y determinar el mejor curso de acción.

Los programas de gobierno deberían orientarse primordialmente hacia la infancia, apoyando a las familias, no solo con dinero sino con otras redes de apoyo, como, por ejemplo, lugares fuera de las escuelas donde los menores puedan reunirse a practicar algún deporte, música, jugar o simplemente conversar con sus pares bajo una discreta supervisión. Las comunidades que tanto anhelamos seguridad también deberíamos crear estas redes de apoyo con vecinos apoyándonos unos a otros en el cuidado y supervisión de los niños cuando los padres trabajan.

Sabemos que la mejor solución a los problemas es cortarlos de raíz. Sin queremos acabar con tanta inseguridad entonces debemos llegar cuando las situaciones estresantes se están viviendo y prestar esta red de ayuda que podría evitar que el niño, en el futuro, se convierta en peligroso delincuente. Hay que aspirar a ser esa vecina o maestro malhumorado que con su presencia logra un impacto positivo en la vida de una persona.

Bárbara Amaro

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