Termómetro

Las recientes noticias de olas de calor que afectan el norte del hemisferio norte del planeta tendrían que ser señal suficiente de que hay un problema GRANDE que necesitamos atender.

Se trata de calor y, al parecer a nadie le gusta el calor. Cada vez que se pregunta, la gente, por lo menos en México, tiende a responder que prefieren días fríos o lluviosos (metidos en casa y con una taza de café o chocolate caliente mientras románticamente se mira por la ventana las gotas de lluvia cayendo). A mi me gusta el calor, pero como a todos, el calor intenso me agota y me disgusta. Y sea que te guste o disguste, las altísimas temperaturas que se están experimentando simplemente no hacen bien a nadie, están matando fauna y flora marinas y terrestres y están matando personas. Es un hecho que no admite argumento en contra.

El tema del cambio climático o, mejor dicho, de la emergencia climática, está en boca de todos y sin embargo seguimos permitiendo que se hagan cosas que alimentan el problema como la tala de árboles para construir nuevas colonias en las que los ambiciosos constructores niegan a los futuros habitantes el derecho a tener árboles y áreas verdes porque lotifican todo y diseñan las banquetas lo más angostas posibles haciendo difícil que se plante siquiera un arbusto.

Son muchas las organizaciones que impulsan políticas para que cese completamente el uso de combustibles fósiles y nos movamos a energías más limpias. Buscando este fin se organizan marchas y protestas para que no se inicien nuevos proyectos de exploración y extracción de petróleo o minas de carbón que generarían nuevas emisiones de gases que impedirían a los países cumplir con el Acuerdo de París que tiene el objetivo de no permitir un aumento por encima de 2 °C respecto de los niveles preindustriales y hacer todos los esfuerzos posibles para limitar el aumento a 1.5 °C.

Pero seamos claros. Firmar peticiones o asistir a marchas para exigir al gobierno que cambie la política hacia energías limpias o que México no regrese a la extracción y explotación de carbón, no sirve de nada si nosotros no tomamos acciones personales para usar menos esa energía que se genera de estas fuentes altamente contaminantes..

Si no vemos la relación entre el calor y la forma en que consumimos energía, vamos a seguir moviéndonos en círculos en donde el gobierno seguirá explotando fuentes fósiles para generar energía y mantener relativamente bajos los precios de las gasolinas y de la luz, tenernos contentos (o menos enojados) y ganar votos.

Porque para muchos de nosotros instalar paneles solares en las casas es costoso y de momento inaccesible, dependemos de lo que la Comisión Federal de Electricidad nos entrega y, según Wikipedia, 73,6 por ciento de esta energía que consumimos viene de estas fuentes contaminantes que terminan generando este calor pegajoso y desagradable que está modificando la vida en el planeta. Si no podemos cambiar a energía solar, hay otras cosas que inmediatas que podemos hacer mientras se logra hacer el cambio. Apagar las luces y desconectar los aparatos electrónicos cuando no estén en uso, cambiar los focos a ahorradores de luz, usar menos el automóvil y más el transporte público, la bicicleta o las piernas, dejar de comprar cosas importadas en Amazon y Alibaba y usar menos los servicios de mensajería, comprar en mercados y tiendas productos locales y de temporada, no cambiar el teléfono cada vez que sale un modelo nuevo (en realidad, a nadie le importa el teléfono que usas), usar autos compactos que contaminan mucho menos que las camionetas (gastas menos gasolina y ahorras dinero).

Más importante. Si de verdad estamos viendo que el problema es importante y que no se trata de ideología política porque la emergencia climática no es cuestión de creencias, tenemos no solo que exigir un cambio de políticas sino que entender lo que eso implica y estar dispuestos a entregar un poco del bienestar actual en función de la humanidad de mañana. Solo poniéndonos lentes que corrijan la miopía del “yo, ahora”, podremos comprometernos con el yo de mañana porque ya no se trata de lo que dejemos a los que vienen detrás sino de lo que queremos para nosotros los próximos años de esta vida.

Bárbara Amaro

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