8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.

Y debo hacer una confesión: soy un poco grinch en este día, valga la analogía.  No me gusta festejarlo porque pienso que el hecho mismo de que exista un día especial para la mujer, zanja una diferencia más profunda.

Desde mi punto de vista este día sirve para hacer recuento de lo daños, para contar historias de algunas mujeres que luchan batallas diarias por la igualdad y la justicia y para llenarnos de cifras sobre violencia contra la mujer, pero sin llegar a nada más.

Es la oportunidad que tienen muchos políticos hombres de lanzar rimbombantes discursos sobre lo que se puede hacer para eliminar la diferencia de género y con ello ganar la simpatía de las mujeres para las próximas elecciones.

Es también la oportunidad para que mujeres legisladoras tomen la tribuna y nos recuerden las injusticias que siguen prevaleciendo en México e introduzcan iniciativas superficiales, hechas al aventón, que solo sirven para atraerse reflectores y llenar el encabezado de algún periódico de su localidad.

Es el día en que los jefes obsequian con rosas y flores a sus empleadas, como si con ello borraran el hecho de que por trabajo igual le paga más a un hombre que a una mujer.

Este día nos acordamos de las niñas que son obligadas a contraer matrimonio, de las indígenas que buscan que en su comunidad se reconozcan sus derechos políticos, de que 7 de cada 10 mujeres ha sufrido violencia física. Conocemos la existencia de grupos y organizaciones que luchan para evitar la muerte de mujeres “por honor” o el infanticidio de recién nacidas por ser mujeres y recordamos el nombre de luchadoras sociales que han dado su vida por el derecho de igualdad de las mujeres.

Pero se trata de historias de un día, historias que mañana pasan al olvido porque ya no son noticia porque dejaron de ser nuevas. Y Juana se vuelve a quedar luchando sola en su comunidad para que le reconozcan su derecho a participar en el municipio. E Isabel se queda sola haciendo el mismo trabajo que Pancho, pero ganado considerablemente menos que él. Y Sofía se levanta para ir al laboratorio por un certificado de no embarazo que le solicitan en su nuevo empleo. Y Carmelita se queda sola y asustada cuando a sus doce años su papá la obliga a tener relaciones sexuales con el patrón y luego la saca de su casa porque está embarazada. Y Laura, Laura ya no sufre la injusticia porque amaneció muerta, asesinada por los mismos que la secuestraron y obligaron a prostituirse.

Hemos hecho de este día uno vacío, de un día donde el mundo habla de la justicia, pero muy pocos se comprometen, donde incluso muchas mujeres nos hacemos de la vista gorda por la desigualdad y la violencia contra otras como nosotras y restamos importancia a su sufrimiento o a su lucha.

Pienso que el día de la mujer y del niño y del obrero y de la madre y de la familia y del padre y de la tierra, es todos los días del año, porque la lucha por la justicia y la igualdad no se puede quedar en un día del calendario.