Bolsas de papel

 

En el combate a la contaminación, el estado de Nueva Jersey prohíbe plásticos de un solo uso y bolsas de papel

El jueves de la semana pasada la legislatura del estado de Nueva Jersey, Estados Unidos, aprobó una nueva ley en la que se prohíbe a los comercios, con alguna excepciones, entregar bolsas de plástico y de papel a sus clientes. Con esta ley se convierte en el estado con la legislación más estricta en la materia.

Se trata de una ley importante que, como siempre que se toca algún interés industrial, ha tenido voces opositoras que claman lo de siempre: los miles de empleos que se van a perder o la carga económica adicional que se pone a los pequeños y medianos comerciantes. Respecto de esta legislación en Nueva Jersey, los trillados argumentos son expuestos por la industria del papel y del cartón, que, en su lastimera queja, ha olvidado mencionar el aumento de ventas que ha tenido por la multiplicación de envíos de paquetería en todas partes del mundo. Si Amazon ya aumentó su capital en varios millones de dólares, tenemos que suponer que las industrias del papel y del cartón no están precisamente perdiendo dinero.

La prohibición de bolsas de papel también es importante por dos motivos. Por un lado, lleva a que nosotros, los consumidores, cambiemos nuestros hábitos y nos hagamos a la costumbre de llevar bolsas de reúso y, por el otro lado, la producción de bolsas de papel también implica altos niveles de emisiones de gases efecto invernadero, además, claro, de la tala de árboles y la destrucción de bosques.

Durante esta pandemia, las industrias del plástico y, ahora, la del papel y cartón, han aprovechado para tratar de pasar por alto las prohibiciones que sobre su uso se han impulsado en varias legislaciones en el mundo. Así por ejemplo, en Nueva York la ley que prohíbe el plástico de un solo uso estaba lista para entrar en vigor el 1 de marzo, pero un recursos presentado evitó su vigencia. Sorteado el obstáculo, las autoridades han anunciado que la norma entrará en vigor el 19 de octubre, con o sin pandemia. Punto.

En la Ciudad de México fueron muchas las voces que aprovecharon la pandemia para criticar al gobierno por “insistir” en la prohibición de bolsas de plástico, comprando la idea vendida por la industria del plástico de que es más seguro para la salud usar bolsas de un solo uso. Como hemos sido testigos estos meses, la mala información, las verdades a medias y las completas mentiras se han aprovechado del miedo y del enojo para colarse en la conversación pública y así, no solo en Ciudad de México se escucharon quejas, sino que incluso en algunos lugares, como en Nueva Jersey, muchos comercios empezaron a prohibir que la gente llevara sus bolsas de reúso. Regresemos la atención a la ciencia y dejemos que hablen los expertos que han encontrado que el virus “no se transmite fácilmente” por el contacto con superficies u objetos como las bolsas reutilizables. Es más fácil contagiarse en un evento de Trump o en la fila del banco o del supermercado que llevando bolsas reutilizables.

Sería un buen ejercicio empezar a no dejarse llevar por los argumentos económicos de las industrias contaminantes que han demostrado que no son tan sólidos como pretenden pintarlos porque estas prohibiciones no son nuevas y en los lugares en donde se han implementado desde hace años como California, se han visto las ventajas de la menor generación de basura y de contaminantes, con los empleos moviéndose a otros sectores que han sido creados. Además, si de verdad importaran a estos intereses las vidas de los trabajadores como es siempre su primer argumento, empezarían por pagarles con más justicia y por respetar sus derechos laborales.

Pero si el dinero es lo que nos habla más fuerte, entonces miremos las cifras de empresas como L’Oreal que ha visto que es muy redituable ser “verde” y ha elaborado un plan para ser completamente sustentable para 2030 o a China, cuyo gobierno ha visto las ventajas económicas (y políticas) de ser menos contaminante y se comprometió la semana pasada a alcanzar un pico en las emisiones de dióxido de carbono antes de 2030 y a ser neutrales en 2060.

Históricamente, cada vez que hay cambios importantes, hay quienes ganan y quienes pierden. En este cambio que estamos viviendo y que implica el combate al calentamiento global, tenemos que luchar porque los objetivos se tracen en función de las personas y no de intereses corporativos. No hacerlo pone en riesgo la salud y la vida en el planeta con falta de agua e inseguridad alimentaria y es un riesgo que nadie debería considerar aceptable.

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Imagen de Karah Hawkinson en Pixabay