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Categoría: Bárbara Amaro
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El asunto del que escribo me ha estado dando vueltas en la cabeza desde la semana pasada y debo confesar que no sabía muy bien ni como abordarlo ni como empezar.

Se trata de Haití, claro, tema recurrente en la semana, y de la crisis de su estado de derecho, no solo en cuanto a lo que a su soberanía corresponde al haber sido pacíficamente ocupado por ejércitos extranjeros, tanto de la ONU como de Estados Unidos, sino porque no hay ley que valga ahora, salvo la del más fuerte.

El problema de la seguridad pública fue patente desde un principio, pero ahora la situación es más clara: simplemente no hay policías suficientes para guardar el orden. Así que de la mano de los Cascos Azules que llegaron a la región, los guardias de seguridad privada han tomado funciones de policía pública, con la anuencia de las autoridades haitianas.

El problema no es que ahora realicen funciones públicas y lo que ello implica, sino que se han dado la atribución de juzgar y ejecutar delincuentes, porque al no haber cárceles suficientes, el lugar más seguro para ellos es “el Cielo”, como lo declaró el director de una importante empresa de seguridad privada. ¿Y los derechos humanos? Le preguntaron, a lo que él contestó que primero se los explicaran a los delincuentes que cometen atrocidades con la población civil como violaciones, saqueos y ahora hasta rapto de menores para su tráfico.

La situación es desesperada puesto que no solo se trata de “nuevos” delincuentes o de personas que no han sido juzgadas, sino que las calles están llenas de reos que quedaron en libertad tras caerse la prisión en que cumplían su sentencia. Y como no hay cárceles en donde meterlos, lo mejor es acabar con el problema en un segundo y de un balazo. Muerto el perro, se acabó la rabia.

Frente a este oscuro panorama, parecería que en efecto la única respuesta y la más clara es la ejecución de delincuentes. Una especie de ley fuga en donde en menos de un minuto el agresor es detenido, juzgado y ejecutado. ¿O los recursos destinados a ayudar a niños, ancianos, mujeres y hombres que lo perdieron todo, como casas de campaña, agua, alimentos y policías van a ser destinados a estos “animales” para que estén cómodos, seguros y guardados, terminando de cumplir sentencias o esperando que haya jueces disponibles para juzgarlos?

Si esta es la respuesta, las leyes son solo un bonito artilugio que sirven en tiempos de calma. La seguridad jurídica es solo un accesorio para las personas y no un derecho porque en momentos de crisis no se puede aplicar. Los derechos humanos son inventos del hombre para sociedades que han alcanzado ciertos niveles de estabilidad.

Lo malo de vivir en esta anarquía es que pagan justos por pecadores, y que mientras brutales criminales sobreviven, mueren muchos inocentes como Gentile Cherie, un joven de 20 años ejecutado en las calles de Puerto Príncipe por supuestamente querer robar arroz.

Así que no se trata de distraer recursos en improvisadas cárceles, porque el hacerlo garantiza a los sobrevivientes su propia seguridad, su propia libertad y hasta su vida misma.

Creo que solo garantizando el estado derecho para todos, se puede empezar a reconstruir desde los escombros.

Y, ¿tu qué opinas?

 

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