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Categoría: Bárbara Amaro
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Ayer empezaron las clases después del período navideño y hoy, en el estado donde vivo, Veracruz, se suspendieron.

 

Protección Civil del estado, con el gobernador al frente de dicho organismo, determinó que el Frente Frío 22 venía muy fuerte y con mucho frío, valga la redundancia, y que por ello había que proteger a los más vulnerables, los niños, y la mejor manera de protegerlos era dejarlos en casa, calientes y sin salir para que no pasaran frío y no se arriesgaran a contraer alguna enfermedad.

En efecto, está haciendo frío. En el Puerto de Veracruz, donde apenas en octubre vivíamos a 40° hoy tenemos los ventiladores apagados y hemos sacado hasta el abrigo, que por cierto, huele a naftalina, porque verdaderamente se necesita. Pero no es un frío insoportable.

En la región de las Altas Montañas me imagino que el frío es atroz, que se deben estar congelando, como se están congelando mis sobrinos en Metepec, Estado de México, que tuvieron que ir al colegio, o los niños de la Sierra Tarahumara en Chihuahua. Y me pregunto ¿estamos protegiendo a los niños al no enviarlos al colegio?

 

Vivimos en una época en donde la ley del menor esfuerzo es la que prevalece y bajo la que estamos educando y el estado mismo nos está sosteniendo. Es la ley por la que evitamos a nuestros hijos, y nos evitamos, cualquier cosa que nos pueda reportar un mínimo malestar: soportar un poco de frío, un poco de dolor, o el trabajo fuerte.

Y claro, llega el frío, y cancelamos las clases para que los pequeños no se sientan incómodos. Si se atrasan, no importa, si no aprenden a soportar las pequeñas contrariedades de la vida, tampoco importa, porque así tenemos una sociedad paralizada y supeditada a la voluntad de aquellos que aprendieron a sobreponerse al frío y al malestar.

Habrá quienes piensen que mis conclusiones son extremas porque, total, es un día de clases de una semana que ya estaba trunca, pero México no necesita seguir atrasándose un día más a los cincuenta años que llevamos de retraso del mundo. Ya no podemos darnos el lujo de pretender que no existen los problemas y aislar a nuestros hijos de ellos, porque están creciendo en un país en donde cada día hay más pobres, donde no hay empleo y por eso la competencia es más dura, donde estamos siendo rebasados por los tiempos aceleradamente.

Estos niños a los que hoy les cancelaron las clases, mañana serán la fuerza productiva y creadora de este país y necesitamos líderes y no borregos que se queden paralizados porque amaneció con mucho frío y prefieran quedarse en sus casas que salir a trabajar, porque eso fue lo que les enseñamos de pequeños.

Con este tipo de medidas estamos educando bajo la filosofía de Baloo en el Libro de la Selva, que en la película de Disney canta “Busca lo más vital, nomás, lo que es de precisar nomás, pues nunca del trabajo hay que abusar. Si buscas lo mas esencial, sin nada mas ambicionar, Mamá Naturaleza te lo da”.

Pero en México, Mamá Naturaleza o ya no tuvo para todos o ya no quiere que sigamos abusando de ella.

(Entiendo que con la medida se pretende proteger a las comunidades que viven enclavadas en las montañas y que no tienen dinero para comprarse un abrigo o para pagar la calefacción. A esos que no se pueden sentar frente a la chimenea con chocolate caliente en un día frío, porque ni tienen chimenea ni chocolate y las paredes de sus casas no aíslan del viento. Pero para esas comunidades, de las que México está lleno, en donde los niños no asisten a la escuela por la miseria en que viven o que para llegar a la primaria más cercana tienen que caminar dos horas, el lunes sus circunstancias no habrán cambiado. A ellos, lamentablemente, la suspensión de clases no les reportó ningún beneficio).

 

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