Puño cerrado y mujer al fondo

 

Los que vivieron el horror de la Segunda Guerra Mundial se prometieron que nunca más dejarían que el odio prevaleciera en el mundo. Por alguna razón que será tema para los eruditos dilucidar, no se pudo y hoy, a menos de cien años de esos horrores, vivimos en un mundo muy dividido por la intolerancia que lleva al odio: si no piensas como yo estás equivocado y eres blanco de mis ataques.

Han pasado semanas muy convulsionadas, con manifestaciones violentas en muchos, demasiados países. Los motivos son diferentes, la eliminación de subsidios a la gasolina, aumento al precio del metro, resultado de elecciones, falta de acción en materia de cambio climático. Manifestaciones violentas, algunas con personas fallecidas, en Ecuador, Chile, Haití, Bolivia, Perú, Hong Kong, Reino Unido, Alemania, Francia, Líbano, Sudán, Egipto, Turquía, Irak… Estamos tan divididos y llenos de odio que incluso en Manchester, Inglaterra, estudiantes se manifestaron para que quitaran de la universidad una estatua del “racista” Gandhi.

Estamos muy enojados y la razón parece ser lo de menos: porque el gobierno es de izquierda, porque es de derecha, porque subió los impuestos, porque no los subió. Hemos dejado que unos pocos nos inflamen con odio para satisfacer sus intereses personales de poder, y dócilmente nos hemos dejado llevar a donde querían. Lo mismo que hizo Hitler en Alemania y Mussolini en Italia y eso fue lo que el mundo juró que no volvería a dejar que pasara.

Todos queremos estar bien y vivir en paz, pero parece que no reconocemos esa misma aspiración en los demás y para lograrla en lo personal somos capaces de lastimar a los que están al lado, incluso a quienes decimos querer mucho hasta que hacen o dicen algo con lo que no estamos de acuerdo.

Paremos un momento para reflexionar qué estamos haciendo. ¿Qué queremos lograr con el tuit que estamos escribiendo, llamando p******s a los que opinan diferente? ¿A dónde queremos llegar tocando desesperadamente el claxon y echando el coche encima a los peatones? ¿Qué queremos lograr con nuestra adolescente que está explorando su individualidad mientras la regañamos porque no sigue siendo la niñita dócil que hacía lo que mamá y papá querían?

De los pensamientos de violencia surgen palabras de violencia y de las palabras a los actos violentos la brecha es muy corta. Vamos a detener esta marcha veloz al desfiladero, respiremos hondo y cambiemos rumbo. Encontremos dentro de cada uno la paz para que podamos, desde ahí, vivir en paz con los demás, con todos los demás.

“Uno debería conquistar el odio con el amor; debería conquistar el mal con el bien; debería conquistar la mezquindad con la generosidad, la mentira con la verdad”.

El Buddha

(Dhammapada 223)

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