Bandera de México

 

Cuando era niña mi papá decía que en México éramos grandes constructores de puentes por la gran cantidad de días de descanso. Crecí con esa idea y con la de que los mexicanos somos muy flojos, los obreros hacen “san lunes” y todo mundo busca la menor excusa para no trabajar. Los años y lo que he visto y aprendido han demostrado que estas ideas son equivocadas.

En realidad, no somos tan buenos constructores de puentes: en México sólo hay siete días de descaso obligatorios al año (ocho cada sexenio). Otros días de descanso como el 12 de diciembre o el 5 de mayo, son logros sindicales de algunos sectores, como el de la banca el primero o el magisterio el segundo.

El artículo 74 de la Ley Federal del Trabajo establece cuáles son esos días de descanso y ese mismo ordenamiento señala que quien trabaje un día de descanso obligatorio ganará, además de su salario diario habitual, un salario doble por sus servicios.

Esto es lo que dice la ley, el deber ser, pero la realidad es muy diferente. Al lado de donde vivo están construyendo la ampliación a una casa. Este 16 de septiembre, día de descanso obligatorio, a las ocho de la mañana, como es de rigor (porque son sumamente puntuales), los obreros empezaron a dar fuertes martillazos para poner un andamio que les permitiera trabajar en las paredes. Ni para ellos ni para mí que quería descansar un poco más del molesto ruido, la ley funcionó. El descanso no se respetó porque, parece ser, está mal visto descansar.

¿Les pagaron como corresponde? Porque si fue así, bueno, habrá que entenderlo, pero la realidad es que no les pagaron el día como corresponde. “Ahí nos da algo”, me dijo uno de los obreros respeto del patrón, “pero hay que estar agradecidos de tener trabajo” respondió a mi pregunta con una mirada triste en los ojos. De seguro social, casco y chaleco, arneses para descolgarse por las paredes con seguridad, botas con suelas aislantes… de eso ni hablemos, es inexistente.

Una noche antes estuvimos celebrando a México. Probablemente el patrón, como la gran mayoría de los mexicanos, aprovechó la noche del 15 de septiembre para practicar el pasatiempo favorito: despotricar en contra de este país, del maldito gobierno, de los flojos trabajadores, de los mexicanos y de todo lo mexicano y admirar a países como Dinamarca o Noruega, donde las cosas sí funcionan. Y probablemente con la última cucharada del rico plato de pozole que cenó, sentenciar con la trillada frase de “por eso este país no avanza”.

Y sí, mientras no respetemos la ley ni tratemos a los empleados con justicia, mientras no respetemos su derecho a descansar y a tener vida en familia, mientras ellos sigan callados por miedo, mientras sigamos usando a los demás a conveniencia, nada va a funcionar. Estamos sumidos en un profundo egoísmo en el que cuando he resuelto mi problema, lo que suceda a mi alrededor no importa y así, somos capaces de ofrecer y tomar sobornos para callarnos la boca sobre salarios mal pagados, trabajadores explotados, construcciones mal hechas. Si en eso se va la vida de alguien, no es mi responsabilidad, que cada uno se rasque con sus uñas.

Decimos querer una cosa y hacemos lo contrario, como el que dice querer tener una vida sana mientras enciende un cigarrillo, pero a estas contradicciones no les prestamos atención y no solemos reflexionar sobre ellas. Mientras dejemos que la vida pase sin mirar profundamente dentro de cada uno, podemos estar seguros de que, en efecto, este país no va a avanzar.

Y el 16 de septiembre México soñó con ciudadanos daneses o noruegos…

miabogadoenlinea.net

Se permite la reproducción parcial o total concediendo crédito a miabogadoenlinea.net