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Categoría: Bárbara Amaro
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En Italia una comediante llamada Sabina Guzzanti ha sido acusada y podría ser llevada a juicio por insultar al Papa Benedicto XIII.

 

Todo se ha dado en el marco de una manifestación en contra de Berlusconi, en donde se quejaban, entre otras cosas, de la amplia intervención que el Vaticano ha estado teniendo en asuntos de política interna de Italia, desde temas de aborto y homosexualidad, hasta educación, todo en razón de que el Primer Ministro, que es católico y de derecha, ha estado buscando el apoyo de la Iglesia católica tras su reelección en mayo pasado.

 

Guzzanti hizo un comentario respecto de que en 20 años será el Vaticano quien vete y elija a los maestros italianos y agregó “para ese momento el Papa va estar donde pertenece, en el infierno, atormentado por grandes homosexuales activos, muy activos”.

 

De acuerdo con la ley, la mujer ofendió “el honor de una persona sagrada e inviolable”, ya que resulta que bajo el Tratado de Letrán de 1929, quién ofenda al Papa tendrá el mismo castigo que quién ofenda al Presidente. La acusación y persecución del delito se deberá hacer previa autorización del Ministro de Justicia y de ser aceptada, como es el caso de Sabina Guzzanti, la sanción puede ser de hasta cinco años de prisión.

 

Este asunto ha dividido las opiniones, ya que hay quienes consideran que se está violando el derecho de las personas de pensar y expresarse libremente y están los que piensan que en realidad la figura del Papa es intocable. Incluso están los mismos católicos, como un sacerdote jesuita, quien considera que la acusación es absurda porque los cristianos enseñan el perdón.

 

Este asunto italiano debe llevarnos un poco a la reflexión en el tema de la libertad. Quizá el primero sea en cuanto a libertad de culto, que es garantía constitucional en nuestro país y que se trata de un derecho que costó la sangre de muchos mexicanos en varios momentos de nuestra historia.

 

Y con la libertad de credo, se instaura un estado laico, lo que trae a colación el delicado tema de la relación Iglesia –Estado y que sigue inquietando a muchos mexicanos. Por este mismo laicismo, en México, al menos oficialmente, Dios no existe en el sentido de que ni siquiera se le menciona por las autoridades, so pena de violar las leyes. Es un extremo que no existe ni siquiera en Estados Unidos, país con un gran porcentaje de ateos, en donde en sus billetes, por mencionar solo un ejemplo, se puede leer la clásica frase de In God We Trust (En Dios Confiamos).

 

Por eso el Estado Mexicano, al menos en teoría, no debe juzgar basado en las creencias de las personas. Y en ese sentido ha sido la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación respecto de que la ley que permite el aborto no es inconstitucional. Ojo, la Suprema Corte no es la encargada de juzgar si el aborto es bueno o malo o si una mujer debe o no abortar. Analizó desde el punto de vista constitucional sobre su legalidad o no. Los aspectos morales quedan a criterio de cada quién.

 

Este tema de las relaciones del estado con las diferentes iglesias, no es exclusivo de México, ni tampoco es algo histórico. Por ejemplo, en Francia la Iglesia de la Cienciología, fundada por L Ron Hubbard en Estados Unidos en 1950, está siendo juzgada como fraude organizado. Es decir, no solo no la reconocen como iglesia, como sucedió en Alemania donde fue considerada inconstitucional, sino que además están juzgando a sus líderes criminalmente por fraude. Quizá para la mayoría de nosotros el asunto no tenga importancia porque no profesamos esta fe, pero John Travolta y Tom Cruise, seguidores de esta creencia, ¿estarán de acuerdo en que el estado se involucre en aspectos de fe?

 

Un segundo tema para reflexionar y que se desliga de la libertad de creencias y la libertad de expresión, se vincula con el arte, que no es otra cosa que un aspecto más de esta libertad de expresión.

 

Habrá quienes piensen que hay de arte a Arte, pero ¿quién lo puede definir? En todo caso son manifestaciones del hombre que pueden gustar o no y que unos pueden encontrar ofensivas y otros más, artísticas. El problema surge, sin embargo, cuando involucra mi creencia personal. En ese caso, ¿me sigue pareciendo arte, ingenio, creatividad?

 

Por ejemplo, para los que no somos musulmanes, Versos Satánicos de Salman Rushdie, es una obra literaria, muy premiada por cierto, pero para el Sha de Irán fue tal la ofensa que sentenció a muerte al autor, por cuya razón permaneció oculto y bajo protección varios años.

 

Lo mismo sucede con el cristianismo. En Inglaterra se está llevando un juicio contra una galería de arte que expuso la obra del artista de origen chino, Terence Koh, que comprendía diversas esculturas representando a algunas figuras mundiales teniendo una erección, como Mickey Mouse y Jesucristo. La demanda no fue interpuesta por Disney, sino por una asociación cristina que ha manifestado que el propósito de la obra es ofender a los cristinos y denigrar la imagen de Jesucristo. ¿El escultor la habrá hecho en realidad con ese fin?

 

En India, Maqbool Fida Husain, musulmán y uno de los más famosos pintores de ese país, fue acusado por extremistas hindúes de obscenidad y de ofender sentimientos religiosos tras un cuadro que hizo y que llamó Madre India, en donde representa a una mujer desnuda de rodillas y asumiendo la forma del territorio de aquel país. Husain se autoexilió en Dubai hasta que en fechas reciente el tribunal Indio encargado de resolver el conflicto levantó los cargos alegando que la desnudez forma parte de la cultura de la India y de su iconografía religiosa. Pero hubo quien se sintió y se sigue sintiendo ofendido por la obra del artista.

Y podemos seguir en el presente y enterarnos de obras literarias que pese a su calidad no van a ser publicadas por ofender sentimientos religiosos, o remontarnos en el pasado y hablar de la quema de libros herejes.

Es más, podemos regresar al caso inicial de la comediante italiana Sabina Guzetti, ya que sus personificaciones son también manifestación artísticas por medio de las cuales expresa sus opiniones respecto de temas que le interesan.

 

¿En Italia, el Papa la habrá perdonado por no creer en él ni en lo que representa? ¿En Irán los musulmanes habrán perdonado a Rushdie por las mismas razones?

 

Todo esto es otro punto de vista de análisis de los límites entre la libertad y la intolerancia, entre mi derecho y el de mi vecino. Quizá sea reflejo de que la gran mayoría de los conflictos humanos se reducen a que no hemos terminado de entender qué es la libertad que va más allá de lo que pueda definir una ley o interpretarse en los tribunales de tal o cual país.

 

¿Con la globalización estamos llegando a acuerdos generales sobre el tema o se están zanjando mayores diferencias entre los diferentes puntos de vista?

 

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