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Categoría: Bárbara Amaro
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Los símbolos religiosos, particularmente los cristianos, han sido tema de análisis en fecha reciente no solo en Europa sino también en nuestro país.

En noviembre pasado dimos a conocer una resolución de la Corte Europea de los Derechos Humanos, que concedía la razón a una madre italiana en el sentido de que la exhibición de crucifijos en las escuelas públicas violentaban la libertad de culto de los alumnos. Pese a que la resolución no condenó expresamente al gobierno italiano a retirar los crucifijos, éste se defendió airadamente con el argumento de que no se trataba de símbolos religiosos sino de la tradición y costumbres italianas, lo que ocasionó una controversia no solo en Italia, sino en otros países de Europa particularmente católicos como Grecia o España.

En este último país fue donde se votó una proposición en el Congreso en donde acogían el fallo de la Corte Europea y sin ser demasiado explícitos pedían que se respetaran las “Libertades Fundamentales, relativo a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión desde el principio de neutralidad ideológico y religioso del Estado y, especialmente, en lo relativo a los centros escolares".

 

El texto aprobado no expone expresamente que se retiren  los crucifijos de las escuelas pero esa ha sido la finalidad, aunque se ha tenido que precisar que solo incluye a los centros educativos públicos por respeto a la autonomía de las escuelas privadas. Este punto de acuerdo suscitó otra controversia en aquel país en el sentido de si se terminaría prohibiendo el canto de villancicos o si se ordenaría a Asturias a retirar la cruz de su bandera.

Y en México, tras la salida del ministro Mariano Azuela de la Corte se expone en algunos medios, como si fuera una grave falta que empaña su desempeño de 37 años, que con él salen de la Corte los símbolos religiosos con que estaba ambientado su despacho, es decir, alguna imagen de la Virgen y el consabido crucifijo.

La religión y su relación no solo con el estado, sino en la cultura es un punto en el que la humanidad parece que no va aponerse de acuerdo, Mientras en Italia el gobierno enfureció en contra del fallo a favor del laicismo, en México el que un funcionario público tenga religión es una especie de delito no tipificado por que no honra nuestro pasado histórico de Juárez y las Leyes de Reforma.

Pero eso sí, aunque la mayoría no seamos católicos practicantes, los mexicanos nos casamos por la iglesia, bautizamos a los hijos y les celebramos  la primera comunión, por la costumbre social porque lo mal visto es no hacerlo, adjudicándole un punto al argumento del gobierno italiano en el sentido de que la religión no es ya tanto creencia, sino costumbre, porque los rituales y símbolos han dejado de tener para la mayoría el valor que tenían para nuestros abuelos.

Percibo que los que culturalmente hemos sido países católicos nos estamos desgastando en este tipo de discusiones intolerantes de unos contra otros que parecen no llevar a nada más que a mostrar quien puede más, los conservadores o los liberales. Y yo me pregunto ¿no vivimos ya esa historia?

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