Debido al gran descontento de la ciudadanía con los partidos políticos, la selección de sus candidatos y la falta de propuestas serias, se ha estado planteando por diversos grupos y organización civiles sin fines partidistas, la anulación del voto en las próximas elecciones del 5 de julio.

La anulación del voto es un medio de protesta social, que si bien no está ampliamente regulado en el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE) no tiene los mismos efectos políticos que el abstencionismo, es decir, el no asistir a la casilla.

De acuerdo con el COFIPE, en su artículo 274, es un voto nulo:

“a) Aquel expresado por un elector en una boleta que depositó en la urna, sin haber marcado ningún cuadro que contenga el emblema de un partido político; y

b) Cuando el elector marque dos o más cuadros sin existir coalición entre los partidos cuyos emblemas hayan sido marcados.”

Estos votos nulos se contabilizan al final de la elección, al igual que las boletas sobrantes que son de las personas que dejaron de ir a votar y por lo tanto no se utilizaron. Pero sus efectos jurídicos son diferentes, al menos de primera instancia.

Lo anterior porque cuando el paquete electoral de una casilla determinada llega al Consejo Distrital y resulta que hay más votos nulos que la diferencia entre los candidatos ubicados en el primer y segundo lugar de la votación, dicho Consejo deberá abrir el paquete electoral y volver a realizar el escrutinio y cómputo de los votos. Esto según la fracción II del inciso d) del artículo 295 del mismo COFIPE y es una regla que se aplica en las elecciones de diputados, senadores y presidente.

Desafortunadamente los legisladores no previeron lo que sucedería legalmente si resultara que después del conteo del Consejo Distrital, la cantidad de votos nulos permaneciera inalterada, es decir, que existan más votos nulos que diferencia de votos entre el candidato en primer lugar y el del segundo lugar. O incluso, que existiera una mayor cantidad de votos nulos que votos a favor de algún candidato.

Pero aunque legalmente no haya nada previsto, por el momento, políticamente no es lo mismo haber obtenido una victoria frente a otro candidato de otro partido político que frente a la manifestación social de estar en contra de esa victoria. Eso habla de una ciudadanía más madura y lista para ejercer una verdadera presión para que los diputados, en el caso de estas elecciones, trabajen en función de México y no en beneficio propio.

Y está ahí la radical diferencia con el abstencionismo que solo habla de una ciudadanía apática a quien no le interesa quien la represente y como tal no vigilará la actuación de sus gobernantes y representantes.

Por ello lo importante es acudir este 5 de julio a votar. No se trata de anular el voto por anularlo ya que si tienes un candidato en el que crees, vota por él. Pero si no estás de acuerdo con ninguno y con ningún partido político, es mejor anular el voto que dejar de votar.

Será interesante ver la reacción de la clase política frente a una ciudadanía exigente y demandante que ya no está dispuesta a quedarse callada.

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