Aunque la violencia ha disminuido en el estado de Chihuahua, siguen existiendo cifras preocupantes. Según datos del Supremo Tribunal de Justicia del Estado, en promedio, mensualmente 79 niños llegan a los tribunales por cometer distintos delitos.

En el estado fronterizo en el primer trimestre del 2014 han sido presentados ante un juez  237 menores de entre 14 y 17 años. El 35% por robo agravado calificado, el 17% por narcomenudeo y el resto por delitos como homicidio, abuso sexual, daños o lesiones.

Para que un menor cometa un delito no existe una causa específica. A los tribunales pueden llegar jóvenes bien atendidos por sus padres, con un buen nivel de vida e incluso estudiantes ejemplares que ante una circunstancia muy concreta cometieron un delito, hasta los adolescentes con un patrón de conducta de participación en delitos con pandillas.

Aunque no existe consenso entre los expertos sobre las circunstancias que pueden orillar a un niño a delinquir, sí existen factores económicos y socio-ambientales  que influyen en el menor.

Una de esos factores es la desintegración familiar, al no conciliar adecuadamente la vida familiar y laboral, por lo que el menor queda desatendido, lo que los lleva a buscar grupos sociales atención y apego y que en algunos casos con esos grupos llegan a realizar actos vandálicos, violentos o inclusive delincuenciales.

La marginación socioeconómica y la pobreza son otra causa de la delincuencia ya que dificultan el adecuado proceso de socialización del menor, además de que la falta de esperanza y oportunidades en algunos casos lleva a buscar una salida en las conductas delictivas.

También el ausentismo y el fracaso en la escuela contribuyen a la actividad criminal de los menores al ser etiquetados y estigmatizados respecto a un determinado comportamiento que termina por llevar a los jóvenes a conductas antisociales.

La transmisión de imágenes y actitudes violentas por parte de ciertos programas en algunos medios de comunicación social o en videojuegos destinados a los menores, contribuye a inculcarles un sistema de valores donde la violencia se presenta como un recurso aceptable.

El consumo de drogas y sustancias tóxicas que, en muchos casos, da lugar a que el adicto acabe delinquiendo por el mero hecho de lograr el dinero que le permita sufragar su adicción. Asimismo, bajo sus efectos se reducen o eliminan los frenos inhibitorios habituales. En esta causa, tampoco debemos olvidar los efectos del consumo de alcohol, aunque sea de forma esporádica, por su notable incidencia en la comisión de actos vandálicos y en los incidentes de tráfico, siendo además la principal causa de muerte entre los jóvenes.

Los trastornos de la personalidad y del comportamiento, combinados con los factores o socio-ambientales, también contribuyen a que los jóvenes actúan de forma impulsiva e irreflexiva, sin dejarse guiar por las normas de conducta socialmente aceptadas.

Por último, la carencia de valores cívicos, como el respeto a las normas y a los demás miembros de la sociedad, la solidaridad, generosidad, tolerancia, autocrítica, empatía, trabajo bien hecho, etc., que son sustituidos por otra escala de “valores” como el individualismo, la competitividad o el consumismo desmedido, provocan cierta “anomia social” que también inducen al joven a la delincuencia para satisfacer esos “valores”.

La delincuencia entre los menores de edad es un fenómeno que esta creciendo no sólo en México, sino en el mundo, por lo que todos estos factores deben ser atendidos antes de que sea demasiado tarde.

Más información en cj-worldnews.com

miabogadoenlinea.net

Se permite la reproducción total o parcial con crédito a miabogadoenlinea.net