La Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) otorgó un amparo liso y llano a Adriana Manzanares Cayetano, ordenando su inmediata liberación. Manzanares purgaba una condena de veintidós años por el delito de homicidio en razón del parentesco, al haber fallecido su hijo recién nacido.

La decisión fue tomada por unanimidad de votos de los ministros, al existir diversas violaciones al debido proceso, entre la que destaca la ausencia de un intérprete que conociera su lengua y entendiera su cultura y cosmovisión.

Asimismo, determinaron que la sentencia recurrida adolecía de suficiencia probatoria, tanto en lo que hace a la comisión del delito, como a la responsabilidad

La historia de Adriana Manzanares es la historia de una mujer condenada por la justicia popular y que es convalidada por un ministerio público.

Adriana estaba casada y era madre de dos hijos, pero su marido emigró a los Estados Unidos y no supo más de él. En julio de 2005 empezó una relación con Virgilio Cruz Ortega, quien también estaba casado y quedo embarazada.

La suegra se dio cuenta y aviso a Claudio, esposo de Adriana. Claudio regresó y golpeó a Adriana durante un mes y la regresó a casa de su padre. El padre la recibió y también la golpeó durante un mes.

En abril de 2006 el padre de Adriana se percató que ya había tenido a su hijo, pero este no aparecía, por lo que decidió dar aviso al Comisario ejidal, quien reunió al comisariado ejidal. Este grupo la juzgó en una asamblea comunitaria acusándola de haber abortado y asesinado a su hijo, pero principalmente de haber procreado con un hombre que no era su marido. Con escupitajos, cachetadas, gritos e insultos, supuestamente obtuvieron la confesión de Adriana.

El caso llegó a un agente del ministerio público, que hizo constar en actas ministeriales la supuesta confesión de Adriana. En esta confesión se hace constar que en la madrugada del 17 de abril Adriana tuvo a su hijo, y horas después se levantó de la cama, cruzó el patio y caminó hacia la letrina con el bebé en brazos. Lo dejó caer al piso de cabeza. Metió el cuerpo en una bolsa y a las 10 de la mañana le avisó a al padre del niño. Juntos lo enterraron en una barranca.

Aunque el ministerio público no se encontraba presente cuando supuestamente Adriana hizo esta declaración, no evito que se diera validez a la supuesta confesión. Tampoco hizo diferencia que ella sólo hablaba me'phaa y el ministerio público sólo español.

Por las evidentes violaciones al debido proceso, la Suprema Corte determinó dejarla en libertad. Es una lastima que estos caso tengan que llegar hasta el máximo tribunal para que se reconozcan las violaciones a los derechos humanos.


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