Al analizar distintos casos de guarda y custodia de menores, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha venido insistiendo que no existe la presunción de idoneidad absoluta a favor de alguno de los progenitores, por lo que deben revisarse las circunstancias de cada padre y determinar cuál es el ambiente más propicio para el desarrollo integral de la personalidad del menor.

 

Al resolver un amparo directo en revisión la Primera Sala ratificó este criterio, revocando la sentencia de un tribunal que otorgó la guarda y custodia de una menor de edad al padre, sin considerar el entorno paterno, ya que en realidad son el abuelo y tía quienes cuidan a la menor ante su ausencia, así como la cohabitación en el domicilio de cinco personas más.

 

El juez de la causa sólo consideró la estructura familiar de la madre, quien vive en concubinato y tiene otra hija de nueve meses.

 

La Primera Sala amparó a la madre de la menor para que el juez, con base en el interés superior del niño, ordene recabar de oficio las pruebas pertinentes para analizar la estructura del núcleo familiar paterno en que se desarrolla actualmente la menor y decidir qué es lo que más le conviene a la menor.

 

Asimismo se deberán realizar pruebas en psicología y trabajo social no sólo a los padres de la menor, sino a las personas mayores de edad que cohabiten con éstos y que pueden afectar directamente el sano desarrollo y estabilidad de la menor.

 

Con base en la información recabada se deberá determinar a quien corresponde la guarda y custodia, considerando en que ambiente se reúnen las mejores condiciones para el desarrollo integral de la menor y no exista un riesgo para su integridad física o psicológica.

 

 

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