La Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, SCJN, determinó que no se constituye un fraude genérico cuando la víctima tiene conocimiento previo de que la propuesta del defraudador" es un trámite irregular o constituye un acto de corrupción.

 

En el delito de fraude por medio del engaño una persona se hace ilícitamente de alguna cosa u obtiene un lucro indebido en beneficio propio o de un tercero. En este caso el engaño consiste en provocar mediante argucias, maquinaciones o cualquier otro medio, un falso conocimiento en la víctima que lo lleva a realizar “un acto de disposición patrimonial en beneficio del sujeto activo o de un tercero”.

 

Sin embargo, la Corte determinó que no existe engaño cuando los hechos en que se basa el fraude constituyen un acto de corrupción o la práctica de trámites irregulares y la víctima está consciente de ello, por lo que no puede configurarse el fraude.

 

Así, aunque exista un incumplimiento de lo convenido, no es posible que se configure el delito al estarse actuando en un ámbito que no está permitido por las normas aplicables.

 

La Suprema Corte señaló que el derecho penal no debe brindarle ninguna protección a quien primero entrega dinero o un bien con la deliberada intención de beneficiarse de un acto de corrupción o de trámites irregulares y, después, ante el incumplimiento de lo pactado, acude a las instancias penales con el objeto de que se le resarza la disminución patrimonial que sufrió.

 

En este caso, de estimar lo contrario la norma penal no respondería a su objeto esencial de reprimir las conductas ilícitas y por el contrario serviría para avalar otra de esa misma naturaleza.

 

Este es un criterio problemático porque es la defensa a la que estaban recurriendo aquellos que con falsas promesas entregaban dinero para obtener un terreno.

 

 

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