El pasado 6 de marzo la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación definió como otro de los límites de la libertad de expresión el discurso de odio, específicamente las expresiones homófobas.

 

En el último caso sobre libertad de expresión que analizó la Corte, relacionado con un conflicto entre medios, reconoció que entre los mismos puede existir la crítica exagerada, mordaz, provocadora, ácida, pero estableció que aun en esos casos existen límites a la libertad de expresión como es el discurso de odio.

 

El Comité de Ministros del Consejo de Europa ha definido el discurso de odio como “cualquier forma de expresión que propague, incite, promueva o justifique el odio racial, la xenofobia, el antisemitismo y otras formas de odio basadas en la intolerancia, incluyendo la intolerancia manifestada mediante un nacionalismo y etnocentrismo agresivos, la discriminación y hostilidad contra las minorías, los inmigrantes y las personas de origen inmigrante”.

 

Por su parte, la doctrina establece que el discurso de odio comprende diversas situaciones, entre ellas la incitación al odio racial; al odio religioso, sobre la base de la distinción entre creyentes y no creyentes; y la incitación a otras formas de odio basadas en la intolerancia.

 

Las manifestaciones homófobas son una categoría de discursos del odio, los cuales se identifican por provocar o fomentar el rechazo hacia un grupo social. La problemática social de tales discursos radica en que, mediante las expresiones de menosprecio e insulto que contienen, los mismos generan sentimientos sociales de hostilidad contra personas o grupos.

 

Así, el discurso de odio va más allá de la simple expresión de rechazo o antipatía al promover la hostilidad contra las personas respecto de quienes se dirige la conducta discriminatoria.

 

En el asunto que analizó la Primera Sala el  dueño del diario poblano Síntesis, Armando Prida Huerta, demandó por daño moral a el columnista del periódico Intolerancia, Enrique Núñez Quiroz, por una columna en contra del primero.

 

En su texto Enrique Núñez escribió “Columnas viejas, libros pagados, escritores pagados y columnistas maricones son los que Síntesis utilizó para una guerra que de antemano estaba perdida. (…) Pobre Alejandro (Manjarrez), en su ocaso como columnista, tuvo que salir a una guerra donde su única arma es el hambre que lo lleva a arrastrarse a los pies de su patrón. 
No se atrevió a dar nombres, ni citó calumnias y mucho menos presentó pruebas contra nadie.
 Sin duda, Manjarrez definió los atributos que no debe tener un columnista: ser lambiscón, inútil y puñal”.

 

Tanto el juez de primera instancia como una Sala Civil del Tribunal Superior de Justicia del estado, condenaron a Núñez a indemnizar a Prida.

 

Núñez promovió un amparo directo, que le fue concedido por el Tercer Tribunal Colegiado en Materia Civil en la capital poblana, echando abajo las sentencias en su contra. En su sentencia el Colegiado señaló que los términos empleados por Núñez Quiroz “no son lo suficientemente insultantes o desproporcionados para considerar que la afectación al honor del enjuiciante debe prevalecer sobre la libertad de expresión del demandado, o su derecho de réplica; máxime que se da en un contexto de debate periodístico".

 

Al resolver el caso la Primera Sala destacó que las manifestaciones homófobas son una categoría de discursos del odio, los cuales se identifican por provocar o fomentar el rechazo hacia un grupo social. “La problemática social de tales discursos radica en que, mediante las expresiones de menosprecio e insulto que contienen, los mismos generan sentimientos sociales de hostilidad contra personas o grupos” afirmaron.

 

Los ministros determinaron  que el uso de expresiones homófobas, esto es, el discurso consistente en inferir que la homosexualidad no es una opción sexual válida, sino una condición de inferioridad, constituyen manifestaciones discriminatorias, ello a pesar de que se emitan en un sentido burlesco, ya que mediante las mismas se incita, promueve y justifica la intolerancia hacia la homosexualidad.

 

Debido a lo anterior, concluyeron que las expresiones empleadas en el caso concreto, consistentes en las palabras “maricones” y “puñal”, fueron ofensivas, y que el uso extendido en el lenguaje de la sociedad mexicana no convalida una violación a derechos fundamentales.

 

La Primera Sala señaló que estas expresiones válidamente pueden ser empleadas en estudios de índole científica o en obras de naturaleza artística, sin que por tal motivo impliquen la actualización de discursos del odio, pero tal y como fueron empleadas en el caso en estudio, no se encontraban protegidas por la libertad de expresión.

 

El precedente no se refiere exclusivamente al uso exclusivo de las palabras “maricones” y “puñal”, sino al uso de cualquier expresión que implique un discurso de odio en general y homófobo en particular.

 

Con esta sentencia el Tercer Tribunal Colegiado en Materia Civil está obligado a emitir una nueva resolución, tomando en consideración lo dicho por la Corte, sin embargo, no necesariamente implica que la decisión vaya a favorecer a Armando Prida Huerta ya que los insultos no fueron dirigidos directamente a su persona.

 

Esta decisión es de trascendencia ya que por primera vez una resolución judicial establece como límite a la libertad de expresión el discurso de odio.

 

 

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