En la Cámara de Diputados se impulsa una iniciativa para reformar la Ley del Impuesto Especial para Producción y Servicios (IEPS) con el fin de adicionar a la fracción I del artículo 2 de este ordenamiento un inciso que establezca un impuesto del 50% a la venta de goma de mascar o chicle, estableciendo una tasa adicional de 15 centavos.

 

La iniciativa destaca que en el Distrito Federal el costo de despegar un chicle es de 2 pesos 50 centavos por cada uno, y sumando el gasto del personal, las máquinas y químicos especiales para el retiro de cada goma de mascar, el costo puede alcanzar los 9 pesos, mientras que el costo de un chicle es de 50 centavos.

 

La propuesta está basada en el principio de que “quien contamine, pague”, por lo que la tasa retributiva por contaminación está destinada a quienes contaminan con sus chicles, pagando impuestos equivalentes al valor del daño social que ocasionan al ambiente y a la salud, agregando el gasto anual que representa despegar los chicles, más la inversión en máquinas que requiere el gobierno para su remoción.

 

La exposición de motivos también destaca que en el Distrito Federal se han contabilizado alrededor de 70 chicles pegados por metro cuadrado, y 700 chicles despegados por día, pero la velocidad con la que se vuelve a llenar de chicles la calle no permite ver avances.

 

El documento también indica que según la empresa Kraft Foods, México es el segundo país consumidor de chicles a nivel mundial, mientras que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), señala que en México se producen más de 92 mil toneladas de chicles anuales con un valor de mercado de poco más de 420 millones de dólares anuales y en nuestro país se consume anualmente 1.8 kilogramos per cápita de chicles.

 

Víctor Calderón Salinas, investigador del Departamento de Bioquímica del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (CINVESTAV), afirma que un chicle masticado y arrojado o pegado en la vía pública puede albergar hasta 10 000 bacterias y hongos recogidos del medio ambiente en que se encuentra.

 

Además, cada chicle es un foco de contaminación, ya que contiene los microorganismos que tiene la propia persona que lo masticó, por ejemplo, si ésta padece tuberculosis, salmonelosis o un estafilococo, al desecharlo en el piso esas bacterias se esparcirán en el aire y también será un acumulador del polvo, la tierra y la inmundicia de la ciudad.

 

 

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