Desde hace más de cuatro años se han establecido controles para el consumo del tabaco en nuestro país, desde restringir que los fumadores consuman tabaco en lugares cerrados hasta los mensajes y publicidad que las cajetillas deben llevar respecto a los daños que produce el consumo del tabaco.

 

Como parte de esos controles la Ley General para el Control del Tabaco en la fracción VI del artículo 16 prohíbe “comercializar, vender, distribuir, exhibir, promocionar o producir cualquier objeto que no sea un producto del tabaco, que contenga alguno de los elementos de la marca o cualquier tipo de diseño o señal auditiva que lo identifique con productos del tabaco”, por lo que la venta de cigarrillos electrónicos está vedada en nuestro país porque su diseño, apariencia y uso se identifica en forma directa con los productos del tabaco.

 

Por ello la Secretaría de Salud a través de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) ha advertido a tiendas departamentales y autoridades sanitarias estatales que la importación, distribución y comercialización de cigarrillos electrónicos es ilegal.

 

La COFEPRIS también destaca que estos productos no cuentan con registro sanitario como medicamentos o dispositivos médicos, por lo que aclara que ni su contenido ni sus propiedades de tratamiento para supuestamente dejar de fumar han sido comprobadas.

 

El cigarrillo electrónico típico está hecho de acero inoxidable, tiene una cámara con nicotina líquida en diferentes concentraciones, es alimentado por una batería recargable que da energía a un vaporizador que vaporiza un líquido con distintas concentraciones de nicotina. El usuario inhala un ligero vaho caliente que se absorbe en los pulmones como lo haría con un cigarrillo de verdad.

 

En  2008 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que no considera que el cigarrillo electrónico sea un tratamiento legítimo para quienes estén tratando de dejar de fumar. "El cigarrillo electrónico no es un tratamiento sustitutivo con nicotina que tenga una eficacia demostrada", ha dicho el Dr. Ala Alwan, Subdirector General de la OMS para Enfermedades No Transmisibles y Salud Mental. "La OMS no dispone de pruebas científicas que confirmen la seguridad y eficacia del producto”.

 

La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) en Estados Unidos, al estudiar dos marcas de cigarros electrónicos encontró que contenían elementos cancerígenos como el dietilenglicol y los regula como productos relacionados con el tabaco. El Departamento de Salud de Canadá advirtió que los cigarrillos electrónicos contienen glicol de propileno, un producto usado en la industria cosmética y para hacer humo artificial, subrayando que la inhalación de este producto es conocida por generar irritación, razón por la cual no aconsejó su uso. La Agencia Francesa de Seguridad Sanitaria advirtió que estos cigarros hacen publicidad engañosa al asegurar que ayudan a reducir el consumo de tabaco, pues contienen nicotina.

 

También existen estudios que afirman que su consumo es menos dañino que fumar cigarrillos normales y estudios que dicen lo contrario.

 

El hecho es que se trata de un producto controvertido que no cuenta con estudios científicos suficientes que amparen sus beneficios para dejar de fumar, pero peor aun, al estar prohibidos en nuestro país seguramente en el mercado negro los venderán más allá de su valor real, por lo que es preferible que los fumadores utilicen métodos reconocidos para dejar de fumar.

 

 

Más información COFEPRIS.

 

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