La noticia de una niña china de dos años que después de ser arrollada por un vehiculo estuvo tendida en el suelo sin que alguna persona se acercara a darle auxilio, conmovió al mundo por la indiferencia y deshumanización que el hecho implica.

 

Pero desgraciadamente nos resulta muy fácil distinguir en esas situaciones extremas la indiferencia y deshumanización, pero existen otras situaciones más próximas en las que no nos son tan visibles.

 

Es el caso de Rodrigo, un niño de 8 años, que se arrojó de una altura de tres metros en la escuela primaria a la que asiste.

 

En las primeras investigaciones iniciadas por la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, se indicó que el niño se había lanzado para imitar a un superhéroe, iniciando una averiguación previa por el delito de ejercicio indebido del servicio público, al considerar que las autoridades escolares incurrieron en una omisión de su responsabilidad.

 

Posteriormente, el niño declararía ante el Ministerio público que intentó suicidarse ante la presión y el maltrato que ejercían algunos compañeros en su contra.

 

En su declaración el niño señala que algunos estudiantes más grandes que él lo empujaban y lo agredían con frecuencia; además, le quitaban sus alimentos y le impedían caminar libremente por las áreas comunes de la escuela. “Un día me pusieron el pie y me caí en un lugar sucio y no dije nada. Luego no me dejaban pasar a un lugar, y yo me fui por otro lado. Luego iba a comprar mi comida y me gritaban que no podía y me iban a pegar si los acusaba”, dijo en entrevista con Excelsior.

 

El padre del menor señaló que su hijo ya le había revelado sobre las agresiones y los maltratos de los que era víctima, e incluso indicó que los maestros estaban enterados de ese tipo de conductas.

 

Rodrigo es un estudiante con excelentes calificaciones que le han valido formar parte del programa de Niños Talento, del Gobierno del DF y actualmente aplica para hacerse acreedor a otra beca de excelencia académica. A diferencia de la mayoría de sus compañeros, su materia favorita es matemáticas, en la que prácticamente acumula notas de excelencia.

 

Pero ahora el niño no sólo es victimizado por algunos de sus compañeros, sino que aparentemente también por directivos y maestros, quienes suspendieron las clases el miércoles por la mañana como protesta contra la asistencia del menor a clases en ese plantel.

 

Seguramente la medida es una represalia en contra del niño y su padre, quienes han seguido una denuncia ante la Procuraduría General de la República, ya que se trata de un plantel que depende del gobierno federal, y en consecuencia María Alicia Fonseca Romero, María Teresa Elisea García y Claudia Ortiz Vázquez, profesoras y directora respectivamente, están sujetas a proceso acusadas de lesiones, omisión e indebido ejercicio del servicio público.

 

Si efectivamente se trata de un caso de bullying, las autoridades no pueden minimizar o ignorar el problema, porque debe reconocerse que en muchos casos de agresión los maestros y autoridades escolares están al tanto, pero asumen el papel de observador silente, es decir, conocen la situación de abuso que vive un menor, pero no intervienen  por considerar que el asunto es "cosa de niños", e inclusive, en algunas ocasiones los propios maestros se suman a las burlas de los alumnos hacía la víctima.

 

Estamos conscientes que la labor de los maestros es cada vez más compleja. Además de la labor educativa, se les responsabiliza para que en las aulas se aborden temas como la drogadicción, la sexualidad, la autorregulación de la conducta, los derechos humanos, el medio ambiente y el desarrollo sustentable, la no discriminación, la diversidad social, la negociación pacífica de conflictos, la formación ciudadana, etcétera, pero por su convivencia permanente con los alumnos, el docente tiene un rol preferencial en prevenir y atender el fenómeno del “bullying”.

 

Y es que el acoso escolar afecta a todos en el entorno educativo. En la víctima genera depresión, ansiedad, y en casos extremos suicidios y cuadros sicóticos. Y en el victimario refleja intolerancia, discriminación, negación de la diversidad, prejuicios, estereotipos, y peor aun, puede generar el aprendizaje no deseado de que la violencia es un medio para alcanzar sus objetivos, tomando decisiones impulsivas y poco asertivas.

 

En los demás compañeros e incluso en los adultos observadores silentes, el maltrato se empieza a ver como fenómeno “natural”, ocasionando que se vuelvan insensibles a la violencia.

 

Lamentablemente sólo uno de cada 10 niños que son víctimas de violencia escolar recibe atención especializada y en el caso de los victimarios, estos no reciben tratamiento o seguimiento para erradicar esas conductas agresivas hacia sus compañeros. El Distrito Federal ya modificó su Ley de Salud para atender psicológicamente este problema, pero hasta el momento no se han implementado.

 

En este caso las consecuencias son palpables. La escuela esta dividida por las consecuencias penales y de desprestigio que implicó para las maestras, existiendo desinterés e insensibilidad hacía el menor, victimizandolo aun más y agravando su situación ante los agresores, que se puede multiplicar entre los simpatizantes de las maestras, además, a los presuntos victimarios no se les ha atendido.

 

En China fue la indiferencia y deshumanización de 18 personas lo que llamó la atención, en nuestro país la indiferencia y deshumanización de una escuela primaria debe preocuparnos, no sea que después se tenga que lamentar el deceso de Rodrigo.

 

 

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