El día de ayer se publicó en el diario El Universal una nota sobre las acusaciones que se presentan con base en un aparato llamado “Detector Molecular GT200”.

 

El reportaje cuenta la historia de Ernesto Cayetano Aguilar, quien viajaba en un autobús de pasajeros que fue revisado en un retén por perros entrenados, los cuales detectaron droga en el respaldo de un asiento.  En una revisión a los pasajeros el aparato señaló a Cayetano, quién a partir de ese momento se convirtió en presunto traficante de drogas.  Cayetano viajaban cuatro filas atrás del hallazgo de drogas, pero que lo señalara el aparatito fue suficiente para consignarlo.

 

La juez Karla Macías Lovera, juez Décimo Cuarto de Distrito lo liberó, señalando en la sentencia que “no existe prueba alguna que permita a la suscrita afirmar que el aparato conocido como ‘detector molecular GT- 200’ es una prueba científica válida para ser considerada como prueba de cargo en el proceso penal. El Ministerio Público no aportó un solo dato que permita dilucidar los fundamentos científicos del resultado de la prueba, según el cual Ernesto Cayetano Aguilar tenía restos de mariguana al momento de su detención”

 

La juez cumplió con el principio establecido por el jurista Michele TARUFFO, “los jueces no pueden limitarse a recibir pasivamente cualquier cosa que se presente en el juicio como ‘científica’, y deben asumir el problema de verificar la validez y la atendibilidad de las informaciones que pretenden tener dignidad científica, y que están destinadas a constituir la base de la decisión sobre los hechos”.

 

Difícilmente el ministerio público podrá reunir evidencia científica suficiente para sostener los resultados del GT 200, cuando las pruebas científicas lo que arrojan es la inefectividad del aparato.

 

Se supone que la clave del aparato son las tarjetas que presuntamente contienen la información de la sustancia a detectar. Pero según una investigación de la BBC en el Cambridge Computer Laboratory, no existe “nada para programar en las tarjetas, no tiene memoria, no tienen microprocesadores, no existe forma de que puedan almacenar software o información. Estas son tarjetas para prevención de robos en tiendas, son solo plástico y aluminio”.

 

El GT200 usa el principio de la radiestesia la cual se considera una pseudociencia que se basa en la afirmación de que los estímulos eléctricos, electromagnéticos, magnetismos y radiaciones de un cuerpo emisor pueden ser percibidos y, en ocasiones, manejados por una persona por medio de artefactos sencillos mantenidos en suspensión inestable como un péndulo, varillas "L", o una horquilla, o en este caso, una antena,  que amplifican la capacidad de magnetorrecepción del ser humano.

 

El físico Luis Mochán, especialista en propiedades electromagnéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), asegura que “de acuerdo a las leyes de la electrodinámica, y de las propiedades conocidas de los materiales, el GT200 no puede funcionar como dicen sus fichas técnicas”

 

El físico Mochán y otros científicos de la Academia Mexicana de Ciencias hicieron el pasado 13 de septiembre una presentación al Senado sobre este tema en el que destacaron la necesidad de probar cientificamente el equipo, como hicieron en Tailandia, país en el que concluyeron que estadisticamente con el aparato se obtienen los mismos resultados que con busquedas al azar. Lo preocupante es que el detector molecular GT200 es empleado en las operaciones contra el narcotráfico y en la aplicación de la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos, que realizan por la Secretaria de la Defensa Nacional, la Secretaria de Marina, la Procuraduría General de la República, así como agencias de seguridad del Estado de México, Guanajuato, Colima y Chiapas, y de sus resultados nacen acusaciones penales.

 

Llama la atención que para consignar a una persona, haya sido suficiente la evidencia recabada por las fuerzas armadas, sin que el Ministerio Público se haya allegado de más pruebas para sostener la acusación en contra de Cayetano. Esto es porque las fuerzas armadas están actuando en forma independiente sin la participación de las autoridades civiles en las investigaciones que realizan, por lo que no existe la posibilidad de que se pudiera haber recolectado más evidencia que la lograda en los retenes. Así, seguirán perdiendo los casos ante el poder judicial.

 

No sólo nuestro país ha caído en este engaño, sino también Gran Bretaña, Tailandia, y 23 países más, según el fabricante. Aunque al probarse la inutilidad del aparato se constituye un fraude, hasta el momento nadie ha iniciado acciones legales contra la empresa Global Technical Ltd.

 

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