El 4 de agosto de 2011, el periodista Álvaro Cueva escribió en su columna que se publica en Milenio Diario, una crítica al programa de televisión “El gran show de los peques”, al que califica como una amenaza social.

 

Emite ese calificativo porque desde su punto de vista “…se exhibe a los niños como animales de feria, porque se les obliga a decir y a hacer cosas que no entienden, y porque se abusa de su situación de pobreza, ignorancia e inocencia para hacer un espectáculo perverso...”  “¿Usted permitiría, por ejemplo, que a su niña de cuatro años la sentaran en un programa de televisión de manera que lo primero que se le vieran fueran los calzones?”

 

Respecto al tema, la Ley de Radio y Televisión establece distintas disposiciones:

 

En el artículo 5 se señala que la radio y la televisión deberán procurar a través de sus transmisiones, “afirmar el respeto a los principios de la moral social, la dignidad humana y los vínculos familiares; evitar influencias nocivas o perturbadoras al desarrollo armónico de la niñez y la juventud

 

Por otra parte el artículo 10 establece como obligaciones de la Secretaria de Gobernación, entre otras: vigilar que las transmisiones de radio y televisión se mantengan dentro de los límites del respeto a la vida privada, a la dignidad personal y a la moral.

 

El artículo 59-TER señala que la programación general dirigida a la población infantil que transmitan las estaciones de radio y televisión deberá: Propiciar el desarrollo armónico de la niñez; estimular la creatividad, la integración familiar y la solidaridad humana; procurar la comprensión de los valores nacionales y el conocimiento de la comunidad internacional; promover el interés científico, artístico y social de los niños y proporcionar diversión y coadyuvar al proceso formativo en la infancia, lo que también debe ser vigilado por la Secretaría de Gobernación.

 

Los programas infantiles que se transmiten en vivo, las series radiofónicas, las telenovelas o teleteatros grabados, las películas o series para niños filmadas, los programas de caricaturas, producidos, grabados o filmados en el país o en el extranjero deberán sujetarse a lo dispuesto en el artículo 59 TER.

 

Por otra parte el artículo 63 prohíbe todas las transmisiones que causen la corrupción del lenguaje y las contrarias a las buenas costumbres, ya sea mediante expresiones maliciosas, palabras o imágenes procaces, frases y escenas de doble sentido, apología de la violencia o del crimen; queda asimismo prohibido el empleo de recursos de baja comicidad y sonidos ofensivos.

 

Finalmente la Ley para la Protección de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes señala que las autoridades federales, en el ámbito de sus competencias, procurarán verificar que los medios de comunicación masivos eviten la emisión de información que sea perjudicial para el bienestar de niñas, niños y adolescentes o contraria con los principios de paz, no discriminación y de respeto a todas las personas. Asimismo deberán evitar la difusión o publicación de información en horarios de clasificación A, con contenidos perjudiciales para su formación, que promuevan la violencia o hagan apología del delito y la ausencia de valores.

 

Poco o nada de esto se cumple, lo que lo convierte en lo que se denomina, letra muerta. Y aunque se pretendiera sancionar la violación al artículo 59 TER no constituye una infracción específica a la Ley, por lo que cae dentro de “Las demás infracciones que se originen del incumplimiento de esta Ley” y de aplicarse una sanción, esta sería de quinientos a cinco mil pesos, todo esto porque la Ley no ha sido actualizada en cuanto a las infracciones y sanciones, desde 1974.

 

Esta es una de las muchas razones por la que tenemos este tipo de programas en la televisión.

 

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