En el gusto de la juventud del norte del país están arraigados los narcocorridos, pero para el diputado local del Estado de Chihuahua, Enrique Serrano Escobar, promueven “la violencia y la indolencia hacia la comisión de delitos, o incluso a la provocación explícita de estos o de algún otro vicio”.

 

 Por ello el legislador ha propuesto incluir en el Código sanciones en contra de aquel que provoque públicamente a cometer un delito, o haga la apología de la conducta delictuosa, incite a la realización de actos delictuosos o de algún vicio, siempre que su participación en los delitos no sea a título de actor intelectual, sancionando también a los organizadores y titulares de los permisos para eventos y /o venta de bebidas alcohólicas cuando la apología se realice en eventos públicos y masivos. Asimismo, se faculta a los municipios para que no permitan en el ámbito de su competencia, que se propague una cultura de apología criminal.

 

 

El argumento que sostiene a la iniciativa es que no se trata de censura o de una violación  a la liberta de expresión sino de “…mantener a la sociedad chihuahuense libre de espectáculos que promuevan el narcotráfico como forma de vida, que inviten a la puerta falsa del crimen organizado para la obtención de dinero rápido. Se trata de mantener el aire libre de ideas perjudiciales que permean en la mente y, por lo tanto, en la vida de los que empiezan a formar un criterio propio, … castigando así la conducta individual de los propios emisores del mensaje”.

 

 Cuando se trató de promover una investigación por apología del delito en contra de los Tucanes de Tijuana, cuestionábamos si es posible considerar apología del delito los narcocorridos.

 

 El Diccionario Jurídico del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM señala que “la apología del delito debe consistir en una alabanza pública de un hecho delictuoso declarado como tal, es decir, debe ser un caso concreto y con sentencia y tiene como finalidad que sea cometido o adoptado por la comunidad, con lo que se está provocando o instigando, de manera indirecta, a la comisión de una conducta delictiva”.

 

 La Corte por su parte ha establecido hasta ahora el criterio de que para que exista la apología del delito, la provocación a cometer un delito debe ser directa, expresa y dolosa, o sea, con la voluntad y conciencia del agente de provocar la ejecución de un cierto y determinado delito.

 

Con estas definiciones es cuestionable que  los “narcocorridos” constituyan una apología del delito, ya que los cantautores no tienen la intención de provocar un delito, y no se refieren a delitos consumados, sino al final se trata de presunciones.

 

Pero mientras, el Congreso local decide sobre esta iniciativa, el Municipio de Chihuahua ya ha tomado medidas al respecto, y para este próximo periodo vacacional fijó las reglas para los establecimientos que abrirán sus puertas para recibir a los vacacionistas, y en el reglamento se incluye la prohibición expresa de amenizar con música de narcocorridos.

 

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