Hombre y niña dibujando

 

La SCJN resolvió que el cómputo para desconocer la paternidad, no necesariamente debe contarse a partir del nacimiento de la persona reconocida

Pese a que las decisiones de los tribunales parecen frías y lejanas, son resultado de las, a veces, caóticas vidas de los protagonistas de los procesos judiciales y de las malas decisiones que muchas veces tomamos.

Pensemos en la decisión que el 9 de noviembre tomó la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, SCJN, como si fuera una novela de amor, decepción, traición y engaño. Lo importante es que, independientemente del drama familiar, se ha tomado una decisión trascendente que podría afectar las vidas de muchas familias, al concluirse que el plazo de sesenta días que el Código Civil para el Distrito Federal, hoy Ciudad de México, establece para que se desconozca la paternidad, no se debe interpretar de forma literal que empieza a correr desde el nacimiento del niño o niña, sino desde que se tiene conocimiento de que no se trata de un hijo o hija biológica, en lo que se conoce como una interpretación evolutiva.

En el caso, un hombre y una mujer contrajeron matrimonio. Según el relato de ella, se conocieron en mayo de 2011 en redes sociales, se vieron por primera vez en persona en noviembre de ese año y se casaron cuatro días después. Cuando esto ocurrió, ella ya estaba embarazada (por supuesto de otro hombre) y él accedió a reconocer como su hija a la niña que nació en marzo de 2012.

Él dice que se conocieron en febrero de 2011, que ella le notificó del embarazo en agosto y que por eso decidieron casarse en noviembre. Niega haber sabido que la niña no era su hija biológica.

En junio de 2013 nació su segundo hijo, y él también lo registró como suyo.

El 19 de noviembre, durante una discusión, de esas en las que se dice más de lo que se debería, con el afán de ganar el argumento o de infligir un daño muy grande al otro, y sin sopesar las consecuencias, ella le dijo que ninguno de los niños era hijo biológico suyo. Sembrada la duda, él declaró que en diciembre fue con los pequeños a un laboratorio privado para hacer una prueba de paternidad en la que resultó que, efectivamente, no tenía ninguna relación biológica con ninguno de los dos.

Conocida la noticia, el 19 de enero de 2018, 59 días después de saber la verdad, presentó la demanda de desconocimiento de paternidad.

El artículo 330 del Código Civil de la Ciudad de México señala: “En todos los casos en que el cónyuge varón impugne la paternidad, debe deducir la acción dentro de sesenta días contados desde que tuvo conocimiento del nacimiento.”

La esposa se opuso al desconocimiento de paternidad alegando que los 60 días habían transcurrido desde el nacimiento de la hija, además de que el reconocimiento voluntario de paternidad es irrevocable, argumentado que él siempre había sabido que la niña no era su hija biológica. Declaró, también, que el hijo había sido procreado por los dos, poniendo en duda que se hubiera efectuado una prueba genética de paternidad porque él no tuvo contacto con los niños, o de que ella tuviera conocimiento de que el niño tampoco era hijo de su esposo.

¿Él siempre supo que la niña no era su hija biológica? Es algo que solo saben ellos. Sin embargo, la verdad legal establecida por la juez de Proceso Oral en Materia Familiar, que dictó sentencia a favor de él, es que, derivado de las pruebas genéticas que confirman que no hay vínculo genético entre él y el niño, en oposición a las declaraciones de la madre, es muy probable que ella también hubiera mentido al afirmar que él sabía desde el inicio del matrimonio que la niña tampoco era su hija biológica. De esta forma concluyó que la madre no pudo demostrar que el reconocimiento de paternidad fue voluntario y no un engaño.

La juez, al interpretar el artículo 330 y aplicarlo por analogía, concluyó que el plazo no corre desde que el hijo nace, sino desde que el esposo conoce que no es el padre biológico.

La decisión no se tomó exclusivamente sobre estos hechos, sino ponderando también el principio según el cual debe primar el interés superior del niño. Así, de las pruebas sicológicas realizadas, se concluyó que la niña y el niño no habían formado un vínculo emocional con el hombre que creían que era su papá y que se trataba de una figura paterna ausente al que conocen por nombre y no físicamente.

Este aspecto es importante porque puede darse otro caso en que esos vínculos sean estrechos y, por ese motivo, se determine que no es procedente el desconocimiento de paternidad después de los 60 días de nacimiento.

Pues bien, la juez ordenó que una vez que la sentencia estuviera firme, es decir, que causara ejecutoria, se gire oficio al Director del Registro Civil de la Ciudad de México para que levante las nuevas actas de nacimiento de la niña y del niño, excluyendo los datos del padre y su ascendencia, haciendo las anotaciones correspondientes en las primeras actas.

Los cambios no han ocurrido porque la sentencia no quedó firme, ya que la madre apeló la decisión. Confirmada la sentencia en esa instancia, promovió un juicio de amparo directo que le fue negado por el Tribunal Colegiado, tras lo que interpuso un recurso de revisión. Sobre este recurso de revisión se pronunció la Primera Sala, confirmando la sentencia en que se concede el desconocimiento de paternidad.

Las decisiones de los tribunales inferiores fueron tomadas desde la normativa legal, es decir, ponderando las reglas procesales sobre la carga de la prueba y su valoración, la interpretación evolutiva de la norma aplicable, el principio de legalidad, la seguridad jurídica, el derecho a la tutela judicial efectiva, el interés superior de la infancia y el derecho a la identidad.

Llegado el caso a la Suprema Corte, lo que resolvió fue, a la luz del interés superior de la infancia, los derechos a la identidad y a la tutela judicial efectiva, si el artículo 330 del Código Civil para el Distrito Federal, admite una interpretación evolutiva que permita al esposo ejercer la acción de desconocimiento de paternidad respecto de una persona nacida dentro del matrimonio en un plazo de caducidad, con un inicio de cómputo diverso al de “sesenta días contados desde que tuvo conocimiento del nacimiento”.

Lo anterior significa que en la SCJN no se consideraron los aspectos particulares del caso, como argumentos y pruebas, sino la constitucionalidad del artículo 330.

Resolviendo el problema legal que se le presentó, concluyó que “no debe prevalecer la interpretación literal del precepto en cuestión, puesto que restringe injustificadamente el ejercicio de la acción de desconocimiento de paternidad a que el cómputo del plazo de sesenta días se realice a partir de que se tiene conocimiento del nacimiento, cuando bien puede suceder que, para ese momento, el cónyuge varón no tenga motivos que razonablemente lo coloquen en condiciones de buscar la derrota de la presunción de paternidad de las personas nacidas dentro del matrimonio.

“Lo anterior, con la precisión de que el hecho de garantizar el efectivo ejercicio de la acción de desconocimiento de paternidad, evitando que tal ejercicio sea ilusorio, de ninguna manera implica que necesariamente se termine por desplazar el vínculo filiatorio existente, ni el cúmulo de derechos y obligaciones que conlleva, pues ello dependerá de las particularidades de cada caso en concreto, los cuales deben resolverse, indefectiblemente, tutelando el interés de las niñas y de los niños.”

Soy una romántica incurable y creo que el matrimonio siempre debe ser por amor (incluyendo, sobre todo, la amistad). La vida da suficientes patadas como para que se busquen decepciones y sufrimiento en un matrimonio basado en mentiras.

Más información scjn.gob.mx

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