Robin Whiteley es un ciudadano del mundo, literalmente, ya que ni Estados Unidos ni México lo reconocen como un connacional.

La historia de Robin inició en 1974, cuando una partera de El Paso lo entregó con un día de nacido a Lora y Royce Whiteley. Seis años después ellos oficialmente adoptaron a Robin, sin saber que las leyes texanas, sólo reconocen la relación legal entre adoptante y adoptado, pero no conceden la ciudadanía al menor.

Al crecer, Robin desvió el camino, empezando con antecedentes penales por faltas menores y terminando en una prisión estatal de Texas, Estados Unidos, purgando una condena por delitos contra la salud.

Pero sus problemas realmente empezaron en 2002, cuando fue liberado al haber purgado su condena. Como Whiteley legalmente no es ciudadano estadounidense, las autoridades asumieron que su país de origen era México y lo deportaron a nuestro país, a pesar de que Whiteley no habla español, ni cuenta con ningún documento en donde se haga constar su lugar de nacimiento o su naturalización.

Para nuestro país Robin es extranjero al no poder acreditar que cuenta con la nacionalidad mexicana, y no puede tramitar su estancia legal con los derechos que ello conlleva, como es el trabajar, al no contar tampoco con papeles que acrediten su país de procedencia.

Aunque ya lleva siete años así, las irregularidades que presenta la estancia de Robin Whiteley pueden implicar que lo multen y como materialmente es imposible repatriarlo, terminar en una estación migratoria, mientras se define su situación.

Sus padres esperan que en el Congreso de Estados Unidos se apruebe una ley llamada Foreign Adopted Children's Equality Act, la cual permitirá que los niños adoptados internacionalmente sean tratados como ciudadanos norteamericanos y no como inmigrantes.

Fuente: The Dallas Morning News

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