Recientemente nos hemos enterado que el de Índice de Percepción de Corrupción en México, elaborado por Transparencia Internacional, empeoró este año en comparación con 2008, al pasar el país del lugar 72 al 89 y de una puntuación de 3.6 a 3.3.

Los especialistas nos dicen que es consecuencia de la debilidad de las instituciones y de la carencia de una política de Estado para combatirla. Es culpa del gobierno. Y los medios escritos y electrónicos se hacen eco de este “escándalo”.

Nos cuesta vernos al espejo y reconocer que el fenómeno es consecuencia de la actuación de la sociedad civil, las autoridades, los políticos, de todos en conjunto, porque no es un acto unilateral, se trata de actos bilaterales, de componendas, en el que intervienen el que corrompe y el que acepta la corrupción. El que viola la ley y el que omite la sanción.

El respeto a las normas más elementales y a ley, no es algo que se nos dé mucho a los mexicanos. Ejemplos tan simples como meternos a las filas, pasarnos un alto, estacionarnos en doble fila, dar una vuelta prohibida, manejar en estado de ebriedad, y después, ¿cómo lo arreglamos? Con actos de corrupción.

O más complicados, como lo que sucedió el pasado día 15 de noviembre en la televisión abierta cuando para promover el programa “El Pantera”, se transmitió un maratón de varios capítulos de esa emisión, en un horario apto para todo público. En esta serie se tocan explícitamente temas como narcotráfico, prostitución, trata de menores, homicidios, etcétera, etcétera.

Las emisiones de televisión se encuentran reguladas por la Ley de Radio y Televisión, misma que señala que el derecho de información, de expresión y de recepción, mediante la radio y la televisión, es libre y no será objeto de ninguna investigación judicial o administrativa ni de limitación alguna ni censura previa, y se ejercerá en los términos de la Constitución Política y de las leyes.

Dentro de estos “términos” el artículo 24 del reglamento de la citada Ley establece los horarios de transmisión según la clasificación de cada programa, que es establecida por la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía:

 “A”: aptos para todo público, podrán transmitirse en cualquier horario;

 “B”: aptos para adolescentes y adultos, podrán transmitirse a partir de las veinte horas;

 “B-15”: aptos para adolescentes mayores de 15 años y adultos, podrán transmitirse a partir de las veintiuna horas;

 “C”: aptos para adultos, a partir de las veintidós horas, y

 “D”: aptos para adultos, entre las cero y las cinco horas.

Aunque en la programación que se publica en los medios, no aparece la clasificación que corresponde a los programas, uno intuye que por el horario entre semana, “El Pantera” tiene una clasificación “C”.

Esto se ratifica al revisar el “Acuerdo mediante el cual se emiten los criterios generales de clasificación de películas, telenovelas, series filmadas y teleteatros grabados” publicado por la Secretaría de Gobernación, previa opinión del Consejo Nacional de Radio y Televisión, que en el artículo 6, inciso cinco, nos señala los criterios de la clasificación “C”:

“VIOLENCIA: Se muestran escenas de violencia, sin contener imágenes excesivamente detalladas y siempre y cuando lo justifique la trama.
SEXUALIDAD: Se muestran escenas de desnudos en segundo y tercer plano, ocasionalmente se muestran desnudos en primer plano. La trama puede tener una carga erótica, con relaciones sexuales simuladas, sin presentación de genitales.
LENGUAJE: Se presentan algunas palabras soeces y frases en doble sentido. El exceso de ello no es un atributo positivo de los personajes.
ADICCIONES: Se presentan imágenes de consumo de tabaco, alcohol y drogas, sin mostrar su preparación. No se hace apología del consumo o tráfico de drogas, sino que siempre se muestran sus consecuencias negativas.”

Sin duda, todos estos elementos están presentes en “El Pantera”.

Las disposiciones prevén que eventualmente se autorice la transmisión de estos programas en horarios distintos, pero en cualquier caso, los concesionarios deberán anunciar “…que se trata de programas impropios para la niñez y juventud, y anunciarse como tales al iniciar la transmisión…”.

En la emisión de este maratón se violaron las disposiciones que cité, ya que se transmitió un programa clasificación “C” fuera del horario permitido, además de que no existió aviso de ninguna especie sobre su contenido al inicio de la transmisión o durante el transcurso de la misma.

No cuestiono si el programa es bueno o malo, su contenido, o la decisión de cada persona de ver o dejar que vean este programa, lo que se cuestiona es que un medio electrónico intencionalmente violó las normas que regulan la transmisión de sus programas, en aras de la promoción de un programa. Pero pareciera que existe un acuerdo entre el que viola la ley y el que omite la sanción.

Es muy fácil escandalizarnos por los niveles de corrupción y señalar a las autoridades porque no cumplen con la ley y se corrompen, pero cuando se trata de nosotros es distinto.

En el Estado de Derecho no sólo las autoridades están obligadas a cumplir con la Constitución Política y las leyes que emanan de la misma, sino que es obligación de todos los miembros de la sociedad, sin excepción.

En la medida en que los mexicanos sigamos preocupándonos más en darle la vuelta a la norma, antes que cumplirla, nunca acabaremos con la corrupción.

Por eso, los resultados del Índice de Percepción de Corrupción es responsabilidad de todos. Quien este libre de pecado, o corrupción, que tire la primera piedra.

 

www.miabogadoenlinea.net

 

Pin It