Maltrato de toros en Tlacotalpan, Veracruz

Desde hace 242 años se celebran los primeros días de febrero las fiestas de La Candelaria en Tlacotalpan, Veracruz, cuando, entre otras actividades, es costumbre realizar un embalse de toros por el río, que al llegar a la ciudad son soltados. Este año, por primera vez, se suponía que no hubiera tal embalse debido a la vigencia de la ley estatal de protección a los animales.

Ciudadanos interesados en que se efectuara el embalse de toros promovieron amparos en contra de la ley en juzgados de Xalapa, Boca del Río y Coatzacoalcos, pero estos intentos fueron negados.

Pese a que no contaban con un amparo y a la vigencia de la ley que expresamente prohíbe los embalses, pamplonadas y encierros de toros, un grupo de personas, presuntamente alentadas por el presidente municipal, Homero Gamboa, sacaron dos toros y efectuaron el embalse bajo el argumento de que se trata de una tradición y parte de la cultura de la localidad.

Ocurridos los hechos en los que se torturaron a estos animales, el viernes 3 de febrero la fiscalía de Veracruz emitió un comunicado en el que señala que cuenta “con los elementos suficientes de prueba para fincar responsabilidad penal a diversas personas que el pasado 1 de febrero incumplieron la Ley de Protección a los Animales y varias disposiciones del Código Penal en el municipio de Tlacotalpan”, reiterando que la Fiscalía Especializada en Investigación de Delitos Ambientales y Contra los Animales, “cuenta con la plena identificación de grupos civiles y de particulares que violaron los preceptos contemplados por la Ley”. Anunció que se había iniciado investigación en contra de estas personas y que se ejercería acción penal en su contra.

Sobre el particular se manifestó la Coalición de Activistas por los Derechos Animales en Veracruz que en su página de Facebook escribió lo siguiente: “La violencia no puede ser considerada patrimonio cultural y no debe formar parte de las tradiciones de un pueblo. Los animales poseen la capacidad de sentir y, por tanto, sus necesidades y libertades deben ser respetadas. El abuso a un ser indefenso, como son los toros cebúes salvajemente maltratados en Tlacotalpan, constituye un acto moralmente deplorable y es reflejo de la descomposición social que, por desgracia, permea en nuestro país”.

Somos nosotros mismos, los ciudadanos, quienes exigimos respeto al estado de derecho en tanto nos conviene la protección de nuestros derechos. Pero nos hemos vuelto ciegos y sordos a nuestras obligaciones por lo que, cuando la ley no nos gusta, no existe ningún empacho en violentar ese mismo estado de derecho que decimos proteger. Es lamentable.

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