Boleta electoral Perú

El pasado martes, la fracción parlamentaria del Partido de la Revolución Democrática presentó una iniciativa de reformas a la Constitución para implementar en México una segunda vuelta electoral, de la que resulte triunfante el candidato que obtenga el 50% de los votos válidos emitidos.

Con el argumento de establecer “alternativas que promuevan la gobernabilidad, el entendimiento y el acuerdo, en un Estado que social y políticamente camina hacia ensanchar la pluralidad” y que “la legitimidad democrática del Ejecutivo” es que se propone reformar diversos artículos de la Constitución Política”.

De aprobarse esta iniciativa en sus términos, el presidente debería ser electo con el 50% de los votos válidos de la elección. De ningún candidato alcanzar ese porcentaje se realizaría una segunda vuelta entre los dos candidatos que hayan obtenido el mayor número de votos y en la que resultará electo el candidato que obtenga más del cincuenta por ciento de los votos válidos emitidos.

Se considerará que si el candidato triunfador no goza de “un grado óptimo de legitimación” representado por una votación favorable del 50 por ciento más uno de los electores, entonces debe necesariamente proceder a formar un gobierno de coalición en el que deberán participar todos los partidos políticos que intervinieron en la elección presidencial, sumando el 50% de la votación más uno de la votación.
 
Ese gobierno de coalición funcionará con base en un acuerdo en el que se establecerá la “organización del gabinete y la forma de trabajo para la toma colegiada de algunas determinaciones de gobierno: la presentación de iniciativas, la interposición del veto presidencial, la firma de tratados, la definición de las ternas para la elección de ministros de la Corte, entre otros”. Digamos que se pretende un régimen presidencialista con ciertos rasgos de parlamentarismo.

En la iniciativa se afirma que “uno de los mayores activos de los procesos de democratización, se convirtió al paso del tiempo, en una de sus debilidades más claras: la pluralidad política que multiplicó las opciones partidistas” en el que el ganador de una elección “ cuenta con un respaldo popular reducido que incluso es rebasado por quienes no votaron por la opción política que representa”.

Daniel Zovatto, director regional del instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA Internacional) para América Latina y el Caribe, una organización intergubernamental que impulsa la democracia en distintos países del mundo, señala que en América Latina, el sistema de mayoría absoluta con segunda ronda electoral es el más usado para elegir a los presidentes. En 12 de los 18 países se incluye la segunda ronda. En ocho de los 12 casos, la mayoría que se exige es de 50% más uno de los votos. Costa Rica exige un porcentaje inferior, 40% de los votos más uno. En Ecuador y Bolivia, 50% más uno, o bien 40% con una diferencia de más de 10 puntos; y, en Argentina: 45% más uno, o bien 40% con una diferencia de más de 10 puntos.

Solo México, Honduras, Panamá, Paraguay y Venezuela no lo contemplan y, desde inicios del 2014, tampoco Nicaragua.

El investigador destaca que los detractores del sistema señalan que la elevada legitimidad de origen del presidente puede ser artificial e inestable. Argumentan además que, indirectamente, se promueven problemas de gobernabilidad, ya que, se genera el riesgo de que el presidente electo en la segunda vuelta carezca del respaldo legislativo mayoritario.

Se señala como ejemplo de este problema la actual configuración de la Asamblea Legislativa en Costa Rica, caracterizada por un elevado nivel de fragmentación, donde el partido (PAC) del actual presidente, Luis Guillermo Solís, que fue electo por una amplia mayoría, 77,8% contra 22,2%, y cuenta con solo 13 de los 57 diputados.

El investigador, por otra parte, señala que en un análisis comparado de más de 130 elecciones presidenciales latinoamericanas, posteriores a 1978, demuestra que la realización de una segunda vuelta no altera el resultado inicial en aquellos casos en que el ganador de la primera ronda es considerado “el mal menor” por una mayoría de los votantes, aunque no resulte el candidato favorito de todos.

Por el contrario, la reversión de resultado (RR, en adelante) tiene lugar cuando una mayoría del electorado comparte un “consenso negativo” en contra del candidato ganador en la primera vuelta y vota en la segunda ronda a favor del candidato que, en la primera, se posicionó en segundo lugar.

De las más de 130 elecciones presidenciales que tuvieron lugar entre 1978 y abril del 2014, 76 se celebraron bajo el principio de segunda vuelta. En 40 de esas elecciones se realizó una segunda vuelta, triunfando en 30 de estas elecciones quien había ganado en la primera. Solo en nueve de estas, 40 elecciones hubo RR, y, en las elecciones argentinas del 2003, quien quedó en primer lugar, el expresidente Carlos Menem, no se presentó a la segunda vuelta, y Néstor Kirchner fue designado presidente para el periodo 2003-2007.

El presidente Enrique Peña Nieto se pronunció hoy en contra de una segunda vuelta electoral en México al señalar que esta "construye mayorías de forma ficticia" y estimó inoportuno cambiar las reglas a menos de dos años de las elecciones presidenciales.


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