Mano con pluma firmando

El Parlamento italiano aceptó, después de una ardua lucha, las uniones civiles de parejas del mismo sexo apenas el pasado mes de mayo. Si bien se estima que unas 10,000 parejas se han unido bajo esta figura, que no es matrimonio, hay muy poca información respecto de trascendentes consecuencias legales que existen al unir sus apellidos y de las que el legislativo no fue previsor.

En la forma de llenado de la unión civil, las parejas del mismo sexo deben señalar si optan por el apellido de uno de los miembros o si deciden unir ambos apellidos. Si deciden esta última opción, que es tan sencilla como poner una palomita en una casilla, los problemas legales que tienen en el futuro son importantes puesto que conforme a la legislación italiana vigente equivale a un cambio de nombre.

La ley en Italia es muy rigurosa respecto del cambio de nombre y solo se permite si hay riesgos personales, como el estar bajo un programa de protección de testigos, si ha habido cambio de género o si el nombre que se tiene resulta muy humillante o vergonzoso.

Al considerarse que uniendo los dos apellidos hay un cambio de nombre, el número de identificación fiscal de las personas cambia, lo que significa a su vez que tengan que tramitar nuevos pasaportes, nuevas tarjetas de identificación, nuevos contratos de seguro y tramitar nuevamente sus beneficios sociales. Además, hay un impacto en el pago de su salario y prestaciones laborales y quienes son padres se encuentran con la novedad de que sus hijos tienen un apellido diferente.

“El gobierno italiano debe ofrecer claridad cuando el decreto sea emitido. Por ahora, aquellos en una unión civil deben asegurarse de no pedir que les cambien el nombre”, declaró Silvana Casassa de la organización LGBT Famiglie Arcobaleno (Familias Arcoíris). “Y que piensen que, si nos hubieran concedido el derecho de contraer matrimonio, todo esto hubiera sido mucho más sencillo”, añadió la activista.

Sobre este tema, la iglesia católica, principal opositora del matrimonio igualitario, se manifestó en un artículo publicado en el periódico católico Bussola Quotidiana. “Debemos recordar que el apellido de la pareja es una decisión opcional. Las personas están llorando por un problema que se ocasionan a sí mismas”.

Sin embargo, se trata de un problema que no enfrentan las parejas heterosexuales que contraen matrimonio y que fácilmente pueden optar por combinar sus apellidos sin las consecuencias legales antes señaladas. En sus casos el nuevo apellido se adiciona a sus apellidos de solteros en los documentos de identidad y se ve como una adición y no como un cambio de nombre por lo que no acarrea las mencionadas complicaciones burocráticas.

En México, no llamar matrimonio a las uniones del mismo sexo, como plantean los opositores al matrimonio igualitario, también tendría consecuencias legales principalmente en materia de derechos de seguridad social que solo se conceden al cónyuge o concubino/a.

Más información thelocal.it

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