Mujer y hombre molestos

El miércoles de esta semana, ante una corte federal en Manhattan, Nueva York, Estados Unidos, la abogada Kerrie L. Campbell presentó una demanda en contra de la firma legal en que trabaja, Chadbourne & Parke, pidiendo una compensación de 100 millones de dólares para ella y otras socias que, pese a que generan más ganancias por cliente, reciben menor compensación que sus contrapartes masculinas.

Se trata de un importante caso que, al exponer un caso de discriminación hacia las mujeres, exhibirá la forma en que los despachos legales, que se caracterizan por la secrecía, establecen sus niveles salariales. En este caso, al ser Chadbourne & Parke una firma importante, los socios de mayor nivel pueden llegar a ganar cientos de miles de dólares al año o incluso millones.

En la demanda, la abogada Campbell expone que, al haber llegado a la firma en enero de 2014, aportó 27 años de experiencia obtenida en dos grandes despachos en los que fue socia y directora del área de seguridad de consumidores. Señala que en los tres despachos en los que ha trabajado se obtienen ganancias anuales de 250 millones de dólares o más.

De acuerdo con la publicación American Lawyer, en 2015 los socios de Chadbourne obtuvieron en promedio 1.1 millones de dólares de ganancias.

La abogada expone que las compensaciones en Chadbourne son decididas por el comité administrativo, integrado por cinco hombres, que “típicamente otorga a las socias femeninas menos puntos que los que otorga a los socios masculinos aun cuando las socias superan sustancialmente a sus contrapartes masculinos”.

El año pasado, a once de las dieciocho socias mujeres, incluyéndola, les dieron menos puntos que a sus colegas masculinos de forma que, pese a que ella generó casi 5 millones de dólares en ganancias, que la colocaban entre los principales generadores de ingresos, recibió un pago más bajo y no obtuvo un bono anual lo que la dejó en la parte inferior de la remuneración a socios.

Para ingresar a la firma, la abogada Campbell tuvo que adquirir una gran cartera de acciones, pero lo hizo porque esperaba entrar a una “firma sólida con presencia nacional y fuerte apoyo en los litigios”. Sin embargo, dice, se enfrentó a “una cultura paternalista que desaconseja fuertemente el hacer preguntas, manifestar preocupaciones o proponer cualquier cambio en la forma en que las cosas siempre se han hecho”.

En enero y febrero de 2015 presentó su caso ante el comité de administración solicitando un incremento sustancial de sus puntos argumentando que sus colegas hombres con ingresos similares por cliente, recibían el doble de puntos que ella.

Explica que el comité le contestó que sus ingresos de 2014 habían sido “casuales” y después de ellos el apoyo que recibía para litigar sus casos desapareció lo que puso en riesgo los asuntos de sus clientes.

“Cuando traté de obtener una compensación equitativa, me faltaron al respeto, me degradaron y me despidieron”, explica la abogada.

En febrero de 2015 la despidieron porque supuestamente no cumple con las metas del despacho y le dieron fecha de terminación en agosto, reduciéndole el salario al que recibe un socio que inicia y negándole todos los beneficios.

Por lo pronto no ha encontrado otro trabajo y sigue trabajando en Chadbourne porque dice que “como una madre de una familia mezclada de nueve, no puedo darme el lujo de no trabajar”, pero sabe que cualquier día puede ser el último en la firma.

El caso de la abogada Campbell se une al de otras socias de importantes despachos que han demandado por discriminación por género y exhibe esta tendencia cultural no solo en el área jurídica, sino en la industria tecnológica y del entretenimiento.

De acuerdo con la American Bar Association, las mujeres que egresan de las facultades de Derecho cada año conforman casi el 45 por ciento de los asociados de los despachos. Sin embargo, son cifras que no se reflejan en niveles más altos ya que las mujeres solo tienen el 18 por ciento de los grandes despachos de abogados.

Según una encuesta de 2014 conducida por la National Association of Women Lawyers, las socias femeninas ganan solo el 80 por ciento de lo que ganan sus socios, lo que hace una diferencia de unos 250,000 dólares al año que se traduce en que en una década las mujeres dejan de ganar más de un millón de dólares respecto de sus contrapartes masculinos.

Más información nytimes.com

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