En el caso argentino en el que se reconoció a Sandra, una orangután que se encuentra en el Zoológico de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, como sujeto de derechos, el juzgado N° 15 en lo Penal, Contravencional y de Faltas en Buenos Aires aceptó que la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales (AFADA) actué como su representante.

AFADA alegó que “la orangutana Sandra es un sujeto de derechos, asimilable a un incapaz de hecho; por lo que no puede ejercer sus derechos en juicio por sí, sino a través de sus representantes legales". Y la decisión del juzgado reconoce esta situación al establecer que Sandra es “una incapaz de hecho y, por tanto, su representación legal deviene forzosa y necesaria”.

Para llegar a esta conclusión el juez analiza quién es el sujeto afectado por el delito de actos de crueldad previsto en el artículo 3, inciso 7 de la Ley Nacional 14.346 de Protección Animal, arribando a la conclusión que los animales son los titulares del bien jurídico protegido por esta ley.

Además, el juzgador destaca que “las corrientes actuales que tratan la materia evidencian un abandono a la postura antropocéntrica fundada en el respecto a los sentimientos del hombre y su ética -entendiendo a los animales siempre en función de una relación directa con el humano-; sino orientada a evitar el sufrimiento de los animales… y, por tanto, su capacidad de sufrimiento es lo que constituye el bien jurídico protegido por las legislaciones actualmente vigentes en Europa y América Latina”.

El juez también cita al abogado y autor argentino Eugenio Raúl Zaffaroni que afirma que “el bien jurídico en el delito de maltrato de animales no es otro que el derecho del propio animal a no ser objeto de la crueldad humana, para lo cual es menester reconocerle el carácter de sujeto de derechos”.

Finalmente, la resolución cita un precedente existente en Argentina de la Cámara de Apelaciones en lo Criminal de Paraná, que establece que: “Las normas de la ley 14.346 protegen a los animales de los actos de crueldad y maltrato, no ya en un superado ‘sentimiento de piedad’ propio de la burguesía etnocentrista del siglo XIX, sino como reconocimiento normativo de una esfera o marco de derechos para otras especies que deben ser preservadas, no solo de la depredación sino también de un trato incompatible con la mínima racionalidad. El concepto de "persona" incluye en nuestras sociedades pluralistas y anonimizadas también un modo racional de contacto con los animales que excluye los tratos crueles o degradantes”.

Así, el juez concluye que el sujeto susceptible de ser considerado “como directamente afectado es la orangutana Sandra; ser sintiente cuyo bienestar podría encontrarse vulnerado a través del maltrato humano”, por lo que con base en los estatutos de AFADA le permite actuar en su representación para que se siga la acción penal por el delito de actos de crueldad contra los animales.

AFADA busca la liberación de Sandra, que tienen 30 años, y su traslado a un santuario ya que afirman se encuentra deprimida al vivir su cautiverio en soledad,  al ser el único animal de su especie en territorio argentino. AFADA considera injusta la situación, por ser el “confinamiento de un animal con probables capacidades cognitivas”. Además, argumenta que “es una persona no humana ya que mantiene lazos afectivos, razona, siente, se frustra con el encierro, toma decisiones, posee autoconciencia y percepción del tiempo, llora las pérdidas, aprende, se comunica y es capaz de transmitir lo aprendido”.

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