Horca

El jueves de la semana pasada la Corte de Distrito de Shizuoka en Japón, dejó en libertad a Iwao Hakamada, un hombre de 78 años que pasó los últimos 48 años de su vida tras las rejas esperando la ejecución de su sentencia de pena de muerte. Junto con su liberación se ordenó la suspensión de la sentencia.

Se trata de un caso que está poniendo en entredicho la eficacia del sistema penal japonés y de imposición de la pena de muerte en general pues Iwao Hakamada salió libre porque evidencia de ADN encontrada ha llevado a concluir al juez que “la posibilidad de su inocencia se ha vuelto clara a un punto respetable”, indicando incluso la posibilidad de que los investigadores del homicidio por el que Hakamada fue condenado hubieran falsificado evidencia para imputarlo.

Iwao Hakamada fue acusado en 1966 de haber entrado a la casa de un ejecutivo de la empresa donde trabajaba y haber asesinado al hombre, a su esposa y a sus dos hijos y luego incendiar la casa. Tras su detención Hakamada se declaró culpable pero luego cambió su declaración antes de la primera audiencia. Sin embargo fue condenado en 1968 por la Corte de Distrito de Shizuoka y su sentencia de muerte confirmada por el Tribunal Superior de Tokio y en 1980 por la Corte Suprema de Japón.

En 1981 los abogados de Hakamada presentaron una solicitud para reponer el juicio, la cual fue rechazada en 1994 por la Corte de Distrito de Shizukoa, en 2004 por el Tribunal Superior de Tokio y en 2008 por la Suprema Corte.

Tras este nuevo fracaso, la hermana de Iwao Hakamada, Hideko, presentó una nueva solicitud ante la Corte de Distrito de Shizukoa en la que se presentó la nueva evidencia que acaba de poner a su hermano en libertad.

De acuerdo con esta evidencia las muestras de ADN obtenidas de las cinco piezas de ropa encontradas en la escena del crimen y por las que se había señalado a Hakamada como responsable, no corresponden con el ADN de este hombre lo que abre la posibilidad hacia su inocencia.

Tras conocerse el veredicto de libertad y suspensión de la sentencia de pena de muerte de Hakamada, tanto su hermana como sus abogados y legisladores que apoyaban la causa solicitaron a los abogados de la fiscalía no apelar ante el Tribunal Superior de Tokio debido a la larga sentencia que este hombre ha cumplido y a su endeble estado de salud. Sin embargo la fiscalía procedió con la apelación la cual fue rechazada, a petición de los abogados de la defensa, por el Tribunal Superior de Tokio.

Esta es la sexta vez en el periodo de post guerra que una corte aprueba la reposición del juicio de un acusado cuya sentencia de pena de muerte ha quedado en firme. De los cinco casos previos cuatro sentenciados fueron puestos en libertad.

Frente a estas cifras queda la pregunta de cuántos sentenciados han sido ejecutados siendo inocentes, radicando en la existencia de un solo caso la gran injusticia de la pena de muerte.

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