La semana pasada la imagen de una pintura del artista ruso Konstantin Altunin dio la vuelta al mundo porque en ella retrató al presidente de Rusia, Vladimir Putin, y al primer ministro, Dmitri Medvedev, en ropa interior femenina.

 

Esta pintura es solo una de cuatro obras que han retado a la élite política y conservadora de Rusia y que estaban expuestas en un museo privado fundado por Aleksandr Donskoi, el cual fue clausurado el pasado 26 de agosto, a poco menos de un mes de inaugurado.

 

La exhibición de Altunin fue visitada por el legislador conservador Vitaly Milonov, quien la encontró “descaradamente ofensiva” razón por la cual presentó una denuncia ante la policía de San Petersburgo, ciudad donde se localiza el museo.

 

Dando curso a la denuncia, la policía confiscó las cuatro obras de Altunin para iniciar las investigaciones del caso por la posible comisión del delito de incitación pública a una actividad extremista, un tipo penal muy ambiguo regulado en el Código Penal de la Federación Rusa. Las pinturas, sin embargo, no fueron retiradas del museo, sino que éste fue clausurado, aunque al momento de escribir esta nota no se habían presentado cargos.

 

El propietario del museo, Aleksandr Donskoi, declaró a los medios que si la policía sigue sin presentar cargos retirará los sellos del museo y el próximo 5 de septiembre abrirá sus puertas para mostrar por un solo día las controvertidas obras de Konstantin Altunin para después enviárselas a París, Francia, ciudad a donde el artista huyó para evitar ser aprehendido por las autoridades rusas.

 

Sobre este particular, la esposa de Altunin, Yelena Altunina, declaró a través del perfil de Facebook de su esposo que la familia necesita ayuda económica pues el medio de vida, las pinturas de su esposo, han sido confiscadas. Así hizo saber que ella y su hija de dos años de edad necesitan salir del país para reunirse con el artista en París, quien, dijo, no tiene medio de vida además de requerir la asistencia de un abogado para tramitar su solicitud de asilo en Francia.

 

De poder vender las pinturas, posiblemente éstas se cotizarían muy alto en el mercado internacional, quizá no tanto por su calidad artística sino por lo que representan.

 

 

Más información The Art Newspaper

 

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