Geir Lippestad es el abogado noruego que se encargó de la defensa de Anders Behring Breivik, autor de la masacre que el 22 de julio de 2011 dejó a 77 personas muertas en Oslo y en la isla de Utoeya.

 

El abogado Lippestad presentó la semana pasada un libro en donde expone que el extremismo como el de su cliente, se combate abriendo a debate las ideas antiislámicas y que se oponen al multiculturalismo, permitiendo un libre intercambio de ideas.

 

En su libro expresa gran preocupación por el hecho de que su cliente, quien cumple una sentencia de 21 años en una prisión de máxima seguridad a las afueras de Oslo, se está convirtiendo en figura de culto para varios extremistas en otros países como lo ha constatado en las cartas que sigue recibiendo en apoyo a Breivik.

 

“Cuando se ven imágenes desde Rusia, Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Grecia, Suecia y otros países donde tiene seguidores, Breivik se está convirtiendo, sin duda, en un modelo que puede influir a otras personas a tener ideas y planes que puedan terminar por transformar a los jóvenes en terroristas y en ciudadanos que viven al margen de la ley”, declara.

 

El abogado Geir Lippestad sostiene en su libro que una vez que se reflexiona el fenómeno descrito, no es inexplicable: “Existen muchos jóvenes allá afuera que están buscándose así mismos. Hay mucha gente allá afuera que está enojada, con un sentimiento de desesperanza por su situación y que carecen de la educación básica o de las herramientas adecuadas… que normalmente los harían escépticos a la violencia y al pensamiento totalitario”, de ahí que lo importante no sea prohibir las ideas sino debatirlas abiertamente para que se conozcan los argumentos opuestos a las ideas extremistas, los cuales las erosionan hasta reducirlas a cenizas.

 

Por razones de seguridad toda la correspondencia de Breivik debe ser revisada por las autoridades penitenciarias. Sobre este particular el abogado manifiesta que es desafortunado que Breivik pueda seguir manteniendo comunicación con ciertos círculos extremistas, pero que se trata de algo que se debe tolerar en el nombre de la libertad de expresión.

 

Después de su defensa a Breivik este abogado recibió crítica muy favorable por su actuación pues sus argumentos fueron en defensa del estado de derecho y del derecho a una legítima defensa, pero manteniendo distancia de las acciones de su cliente.

 

 

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