Gracias a los esfuerzos de la UNICEF, en Bután se está implementando un proyecto por el cual empiezan a reconocerse en los monasterios los derechos de los niños y el estado se está haciendo cargo de velar también por el bienestar de los niños monjes.

 

Bután es un país montañoso enclavado entre India y China, en el tramo oriental de la cordillera del Himalaya. Su población es mayoritariamente budista y muchos de los niños han sido educados desde muy corta edad para la vida espiritual.

 

Los monasterios desde hace siglos se han convertido en la opción para muchas familias sumidas en la pobreza para que sus hijos sobrevivan enviándolos desde los siete años de edad, algunos desde los cinco, a estos sitios donde los monjes proporcionan alimentos, vestido y educación, pero bajo sus propias reglas que en la gran mayoría de las ocasiones no respeta los derechos de los niños bajo la premisa de que la vida espiritual exige una férrea disciplina. Es así como los niños que se encuentran en los monasterios no son considerados por el gobierno en materia de beneficio y bienestar social y salvo casos penales muy graves, son los propios monasterios y sus cortes los que revisan las acusaciones de abuso.

 

Sin embargo desde hace tres meses que funciona el programa impulsado por la UNICEF, los monasterios en donde el programa piloto se ha implementado y el sistema de justicia federal empiezan a coordinarse y se empieza a reconocer por ambas partes que los niños monjes también tienen derechos.

 

Como resultados preliminares del programa se ha empezado a eliminar el castigo corporal de los monasterios, el cual está prohibido en las demás escuelas, y se han empezado a realizar talleres sobre los derechos de la infancia.

 

La implementación total del programa, sin embargo, no va a resultar fácil pues existen muchos pequeños monasterios enclavados en las montañas y de acceso difícil, particularmente durante el invierno, en donde no será sencillo garantizar que un representante del gobierno de Bután esté presente para canalizar las quejas de violaciones a los derechos de los niños.

 

El esfuerzo se está haciendo para que incluso los mismos monjes cambien sus puntos de vista y acepten el cambio y reconozcan que los niños, a pesar de ser considerados monjes, siguen siendo niños que merecen el mismo trato que los niños que viven fuera de los monasterios.

 

 

Más información Guardian

 

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