Debido a un artículo publicado por los neurólogos Joshua Greene y Jonathan Cohen en donde establecen que el libre albedrío es solo una ilusión y que no existe, se ha destado un debate filosófico y científico que afecta directamente al derecho.

 

Si el libre albedrío es solo una ilusión ¿dónde queda la responsabilidad de nuestros actos?

 

De acuerdo con esta premisa, los seres humanos no tenemos responsabilidad porque no hay libertad de elección y por tanto estamos determinados a actuar de tal o cual manera. Y si no hay responsabilidad, legalmente no podemos ser sancionados porque actuamos no por libre albedrío, sino porque irremediablemente estábamos destinados a actuar así, compelidos por nuestros propios cerebros.

 

Del otro lado del debate se encuentra un grupo de filósofos y neurocientíficos como Eddy Nahmias quien escribe un interesante reportaje sobre el tema en el diario The New York Times, y en el que señala que en principio se debe partir por definir que es el libre albedrío.

 

Para este profesor asociado de la Universidad Estatal de Georgia cuando se parte de una definición diferente, las conclusiones son necesariamente diferentes de tal manera que si se define a la tierra como el planeta que es el centro del universo, la tierra deja de existir, o si la moralidad es lo que Dios dice en tal o cual religión, automáticamente más de la mitad de la población empieza a ser inmoral o si se define al matrimonio, como se hace en nuestros países, como la unión para la procreación, se deje fuera de esta figura a muchos matrimonios.

 

Sin entrar en consideraciones espirituales que definen a la conciencia como un alma inmaterial, aspecto que no puede ser comprobado por la ciencia, el autor define al libre albedrío como el conjunto de capacidades para imaginar el curso futuro de las acciones, deliberando las razones de cada quien para tomar esas acciones, y planeándolas a la luz de esa deliberación, controlando las acciones de cara a lo que se desea. Así, actuamos por libre albedrío en cuanto tenemos la oportunidad de ejecutar esas capacidades sin una razonable presión externa o interna. Y en esta medida somos responsables  de nuestras acciones en la medida en que tenemos estas capacidades y la oportunidad de ejercerlas.

 

Esta definición no involucra la existencia de almas inmateriales, sino el funcionamiento de nuestros cerebros en cuanto a los estudios que los neurólogos y psiquiatras siguen conduciendo hoy en día en cuanto a la conciencia.

 

Así que los estudios en que los neurocientíficos basan su premisa de que no existe el libre albedrío porque el cerebro parece funcionar antes de que conscientemente se tome una decisión, es, a juicio de Eddy Nahmias y su equipo, solo la oportunidad para explicar la capacidad de nuestros cerebros de tomar el control de las acciones que conscientemente tomamos y con ello asumir la responsabilidad de nuestros actos.

 

El debate es largo porque las investigaciones sobre el funcionamiento del cerebro humano continúan, así que no esperemos que pronto se pueda eximir de responsabilidad penal a homicidas o violadores basados en que no existe el libre albedrío, porque solo es una tesis que no ha quedado fehacientemente demostrada.

 

Una tesis que si se demostrara tendría implicaciones muy grandes que en materia jurídica podrían traducirse en lo innecesario del sistema jurídico al no existir una plena responsabilidad personal sino que estamos movidos por el determinismo del funcionamiento cerebral.

 

 

Más información The New York Times

 

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