El suicidio de Tyler Clementi el pasado 22 de septiembre en Nueva Jersey, Estados Unidos, ha generado múltiples debates en torno de varios temas que empiezan por el bullying y su vertiente de cyberbullying.

 

Clementi, estudiante universitario, se suicidó después de que su compañero de habitación y otro estudiante colocaran en la red un video de él besándose con otro hombre.

 

Los dos estudiantes acusados de haber inducido al suicidio a este joven al haber colocado el video en Internet, están siendo acusados por la fiscalía de haber cometido un crimen de odio.

 

Para que prospere la acusación de crímenes de odio, de acuerdo con la ley del estado de Nueva Jersey, un jurado debe aceptar la acusación si la fiscalía logra demostrar que se cometió el delito al existir prejuicio respecto de una minoría protegida, en este caso la comunidad homosexual.

 

Esta es la vía legal que el estado ha elegido para tratar de frenar el problema del cyberbullying al castigar a quienes motivaron con sus acciones el suicidio.

 

Los acusados son Dharun Ravi y Molly Wei, quienes además ya fueron acusados de filmar ilegalmente a Clementi, delito por el cual podrían ser condenados a un máximo de cinco años de prisión.

 

El caso de Clementi no es el primer suicidio que se registra después de que la persona es molestada en la red, pero al ser el más reciente ha vuelto a hacer sonar las alarmas en torno del poder que Internet otorga a los jóvenes.

 

Se trata de un grave problema mundial, aunque en México algunos actúan como si el problema no existiera y en lugar de combatir el acoso, parecen alentarlo. Tal es el caso de una marca de yogurt bebible que a manera de publicidad creó un canal especial de Internet para que sus consumidores, adolescentes mayoritariamente, suban videos “chistosos” de sus “amigos”.

 

Más información BBC

 

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